Alexandre Arnoux Y Charles Dullin
Dos buenos servidores del teatro de Calderón: Alexandre Arnoux y Charles Dullin Fran§oise Labarre Universidad de Poitiers Charles Dullin y Alexandre Arnoux no habían cumplido veinte años cuando, hacia 1903-1904, se conocieron en Lyon, y entre estos dos jóvenes nació pronto una sólida amistad, nutrida de su afición común al teatro: el primero que se ganaba entonces el sustento como mandadero de un ujier comenzaba a subir a las tablas entre dos recados, y el segundo, mientras estudiaba derecho, soñaba con ser escritor1. Cuando después de la guerra del catorce Dullin se empeñó en reponer las obras maestras del pasado, extranjeras en particular, para restaurar la dignidad de la escena francesa envilecida a su ver por las producciones de Bernstein y otros tales que habían encantado la Bella Época, fue Alexandre Arnoux quien le reveló los grandes dramaturgos auriseculares2. Tal es la feliz colaboración a la cual debemos dos de las más bellas creaciones de Charles Dullin: La Vie est un songe en 1922 y Le Médecin de son honneur en 1935. Alexandre Arnoux que, recordémoslo, ingresó en la Academia Goncourt en 1947, no tenía una formación de hispanista sino de germanista, pero empezó a estudiar el castellano a raíz de un doble flechazo o sea su amor por Amalia Enet, oriunda de 1 Charles Dullin (1885-1949); Alexandre Arnoux (1884-1973). Véase el relato de su encuentro por el escritor en Charles Dullin-Portrait brisé, Paris, Émile-Paul Fréres, 1951, pp. 15 y siguientes. «Le había comunicado, escribió Alexandre Arnoux a la muerte del célebre actor, mi gusto por las comedias españolas, tan brutalmente preciosas, tan primitivas y hábiles, tan realistamente líricas, y correspondían maravillosamente con su índole» (op.
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