Capítulo VIII CRANEOMETRÍA DE LA POBLACIÓN PREHISPÁNICA DE LOS ANDES ORIENTALES DE : DIVERSIDAD, ADAPTACIÓN Y ETNOGÉNESIS. IMPLICACIONES PARA EL POBLAMIENTO AMERICANO

José Vicente Rodríguez C. Profesor Titular Departamento de Antropología Universidad Nacional de Colombia.

1. La problemática osteológica En el contexto americano los restos óseos y momificados constituyen -en la mayoría de ocasiones- la única fuente de información existente para recons­ truir los procesos biológicos que enmarcaron sus orígenes y posterior evolu­ ción. Los datos tanto genéticos como fenéticos que suministran los restos pueden dar cuenta de la variabilidad de las poblaciones a que pertenecieron, sus simi­ litudes con poblaciones vecinas y por ende sus relaciones etnogenéticas, como también sobre procesos adaptativos que sufrieron en el transcurso de los varios milenios que habitaron este continente. Dentro de los últimos, la craneometría goza de gran tradición desde que se establecieron las normas para su medi­ ción, y con la introducción del análisis multivariado se abrieron nuevas pers­ pectivas para interpretar las afinidades. Mientras que durante ia primera mitad de este siglo los antropólogos centraron su atención en la elaboración de catá­ logos de la enorme colección del National Museum of Natural History del Smithsonian Institution que cuenta con más de 30.000 especímenes (Hrdliéka, 1927, 1931, 1940, 1944) y en la elaboración de tipologías raciales (Hooton, 1930; Woo, Morant, 1934; Gusinde. 1939; Newman, 1943, 1947; Neumann, 1952; Fleury, 1953); a partir de la segunda mitad se abordaron problemas como el poblamiento regional (Lagrange, 1982; Rothhammer, 1984; Rodríguez, 1992; Neves et al., 1989; Steele, Powell, 1992; Key, 1994) y mundial (Howells, 1989); la problemática del poblamiento americano (Alexeev, 1984; Rodríguez, 1987; Steele, Powell, 1992; Lahr, 1995; Neves et al., 1995; Pucciarelli et al., 1999); y, 252 LOS CHIBCHAS finalmente, aspectos más puntuales como la diferenciación social (Byrd, Jantz, 1994) y las respuestas adaptativas de las poblaciones al medio ambiente (Lahr, 1995; Rodríguez, 1999).

Estos estudios han demostrado una gran variabilidad de las poblaciones amerindias, en el marco del patrón mongoloide (rostro ancho y aplanado, pó­ mulos prominentes, incisivos en pala), aunque con algunas particularidades que oscilan desde rasgos mongoloides clásicos (particularmente en las regio­ nes circunárticas), australomelanésicos (nariz ancha y aplanada, rostro prognato, en paleoamericanos, Sierra de Perijá) y caucasoides (rostro angosto, ortógnato, nariz pronunciada en el nordeste de Norteamérica y Mesa de los Santos, Co­ lombia). Los orígenes de esta variabilidad se han interpretado en el ámbito de tres modelos evolutivos: el modelo migracionista plantea que las diferencias americanoides se deben a la presencia de varias oleadas migratorias cuya va­ riabilidad fue introducida desde Asia; el modelo micro evolutivo sostiene que la variabilidad se produjo por los procesos evolutivos de diferenciación local; el modelo integracionista postula que ambos procesos, tanto la historia poblacional como la estructuración de la misma jugaron un papel importante en la configu­ ración de la variabilidad americanoide. Estos modelos se enmarcan en las si­ guientes hipótesis:

1. La variabilidad fue aportada por las distintas oleadas migratorias procedentes de Asia (Turner, 1984), a partir de poblaciones híbridas entre mongoloides y caucasoides (Alexeev, 1984; Alexeev, Gochman, 1984; Kozintsev et al., 1999); o por la afluencia de australoides (Verneau, 1924; Neves et al., 1989, 1995, 1999; Munford et al., 1995; Powell, Neves, 1999) o caucasoides (Begley, Murr, 1999; Dahinten et al., 1999).

2. Por cuanto las migraciones se presentaron en un momento evolutivo cuan­ do aún no había surgido la morfología especializada mongoloide, y la pobla­ ción ancestral era mesomorfa, protomorfa o generalizada (Roguinsky, 1937; Debetz, 1951; Rodríguez, 1987, 1992), protoasiática o mongoloide incipiente (Steele, Powell, 1992; Jantz, Owsley, 1997; Powell, 1999), autopomórfica (Lahr, 1995) o pseudoaustraloide (Hooton, 1930). Por consiguiente, los paleo- americanos pueden poseer en distinta proporción rasgos mongoloides, australomelanesios o caucasoides, aunque predominando los caracteres mongoloides en esquimo-aleutianos-fueguinos (100%), Na-Dene (cerca de 85%) y centro-suramericanos (cerca de 65%) (Debetz, 1968; Rodríguez, 1987).

3. Por los efectos estocásticos de los procesos evolutivos acontecidos en el Nuevo Mundo, entre ellos por la deriva genética y el efecto de fundadores (Schurr et al., 1993; Pucciarelli et al.,1999; Dahinten et al., 1999; Rodríguez, 1999); los procesos de fisión-fusión y el efecto lineal producido por líderes CRANEOMETRÍA DE LA POBLACIÓN PREHISPÁNICA DE LOS ANDES ORIENTALES DE COLOMBIA 253 poligínicos disidentes (Neel, 1978; Rothhammer et al., 1990); por la adapta­ ción a diferentes ecosistemas (Rodríguez, 1999); o por convergencia evolutiva con los asiáticos (Luis et al., 1999:20).

4. Todos los procesos anteriores pudieron haber influido, pero sus raíces se han diluido por el paso del tiempo, el flujo génico -incluida la hibridación postconquista- y el crecimiento demográfico desigual, pero es imposible ras­ trear las divergencias a partir de las poblaciones originarias por la posibilidad de haber alcanzado el punto de equilibrio (Chakraborty et al., 1991; Cann, 1994; Relethford et al., 1995; Kozintsev et al., 1999; Luis et al., 1999).

En la reciente revisión de la información craneométrica americana de cerca de 3.000 ejemplares elaborada por Powell y Neves (1999:177), se plantearon varios aspectos deducidos del análisis estadístico, y que discutiremos a la luz de los resultados del presente reporte: 1. Los paleoindios sudamericanos son más afines a los australoasiálicos que a los amerindios contemporáneos y aún de los mismos arcaicos. 2. Los datos apoyan el modelo migracionista en el que los paleoindios son morfológicamente, y, presumiblemente genéticamente, dis­ tintos de todas las poblaciones tardías del Holoceno de América, por cuanto representan una población fundadora que o no sobrevivió o poco contribuyó a la morfología craneofacial de los indígenas modernos. 3. La ausencia de ras­ gos típicos mongoloides en los cráneos americanos tempranos indica que pe­ netraron al Nuevo Mundo antes del arribo de los ancestros mongoloides clásicos de los nativos contemporáneos del Nuevo Mundo. 4. Esta interpretación asu­ me que la variación morfológica debe haberse originado en el Viejo Mundo antes de la colonización; y que las poblaciones fundadoras fueron diferentes en el Viejo Mundo 5. La estructura poblacional in situ jugó un papel limitado en la creación de la variación presente entre las poblaciones del Nuevo Mun­ do. Como consecuencia de lo anterior, los autores deducen un modelo migracionista, argumentando que la variación morfológica se originó en el Viejo Mundo antes de la colonización, pero la población fundadora fue distinta en el Viejo Mundo y permaneció así a través del tiempo en el Nuevo Mundo. Una vez en este último, todas los grupos post-fundadores crecieron rápida­ mente alcanzando un tamaño poblacional efectivo igual.

A pesar de la apreciable cantidad de publicaciones fenéticas (craneométricas, no métricas, dentales) sobre esta controversia, no obstante, observan tres in­ convenientes (Powell, 1993): 1. La selección de las muestras comparativas pre­ sentan problemas en el tamaño; es muy reducida la representatividad del sexo femenino; no cubren una amplia distribución geográfica -no vinculan la ma­ yoría de poblaciones americanas y sus vecinas de Siberia, Australia y Oceanía, con el fin de rastrear sus posibles raíces-; muchas veces se fusionan diversos grupos (Norteamérica, Sudamérica. Paleomericanos, Amazónicos, Andinos), 254 LOS CHIBCHAS distorsionando la especificidad regional y local (Lahr, 1995). 2. Se emplean diferentes medidas de divergencia (MMD) sin estandarizar y sin verificar el grado de significancia de las diferencias, ante todo en las muestras pequeñas; además que se emplean variables lineales poco útiles para diferenciar pobla­ ciones y se omiten las angulares de alto valor discriminante (Woo, Morant, 1934; Debetz, 1967; Alexeev, 1985; Rodríguez, 1987, 1992; Kozintsev et al., 1999). 3. Se usan datos fenéticos para inferir relaciones biológicas cuando la baja heredabilidad de algunos es muy baja y reflejan la influencia del medio ambiente y no se tienen en cuenta los efectos de la homoplasia y las diferencias en el tamaño poblacional (Relethford et al., 1995); por otro lado, los dendrogramas construidos mediante técnicas de enjambres fenéticos pueden ser interpretados adecuadamente en sentido filogenético, solamente cuando las tasas de divergencia evolutiva son relativamente homogéneas a lo largo de las líneas filéticas; la ramificación no representa otra cosa que enlace por fenotipo similar, cuando las unidades taxonómicas que se comparan son poblaciones y no especies (Sword, 1981; Wiley, 1981; en Powell, 1993:805). El presente capítulo tiene como objetivo analizar la variación de la pobla­ ción prehispánica de los Andes Orientales de Colombia, en el tiempo -desde los primeros grupos de cazadores-recolectores hasta los agroalfareros- y el es­ pacio —cubriendo la mayor cantidad de territorio chibcha-; en la perspectiva de sus implicaciones para analizar el poblamiento temprano de América, compa­ rando un vasto grupo de poblaciones de América, Asia, Australia y Oceanía; bajo el ámbito de las medidas de proyección facial, en la perspectiva evolutiva.

2. Los Andes Orientales y su diversidad cultural Los Andes Orientales de Colombia constituyen la región mejor estudiada desde el punto de vista arqueológico, con una secuencia temporal que se re­ monta desde los 12.000 años a. P. El precerámico cuenta con diversos estudios de polen, vestigios culturales y restos humanos, permitiendo una amplia visión del clima, vegetación, patrones culturales y características físicas, paleopatológicas, paleodemográficas y de paleodieta; de cazadores-recolectores y plantadores tempranos, hasta finales del II milenio a. C. (Correal, van der Hammen, 1977; Correal, 1981; Correal, 1990; Correal, 1996). El período Herrera, que abarca el I milenio a. C. hasta la primera mitad del I milenio d. C, observa los mayores vacíos cronológicos, de contexto cultural y bioan- tropológico, aunque los recientes hallazgos en el municipio de y en el cañón de Chicamocha, han permitido avanzar en su estudio (Pérez, 1997; Be­ cerra. 1999; ver síntesis en V Becerra en este volumen). El período agroalfarero tardío que se extiende desde la segunda mitad del I milenio d. C. hasta la llega­ da de los españoles ha sido objeto de recientes análisis arqueológicos y CRANEOMETRf A DE LA POBLACIÓN PREHISPÁNICA DE LOS ANDES ORIENTALES DE COLOMBIA 255 etnohistóricos (Langebaek, 1994; Pradilla et al., 1995; Boada, 1995; Enciso, 1996; Pérez, 1998); como también bioantropológicos (Rodríguez, 1987, 1992, 1994, 1998, 1999; Cárdenas, 1996; Quiñones, Segura, 1998; Romero, 1998; Buitrago, Rodríguez, 1998; Alvarez, 1999), permitiendo profundizar en las principales tendencias evolutivas de su desarrollo histórico y biológico.

A la llegada de los españoles en el siglo XVI d. C. los Andes Orientales estuvieron habitados por comunidades de la familia lingüística Chibcha: yukos (motilones) al norte, en la Sierra de Perijá, en la frontera con Venezuela; chitareros, en el Departamento de Santander del Norte; laches, en la Sierra Nevada del Cocuy, al norte de Boyacá; guanes, en el Departamento de Santander del Sur; , en el .

La cordillera Oriental de los Andes Septentrionales comprende tierras que se elevan desde los 1000 msnm, cuya vegetación primaria es el bosque subandino hasta los 2300/2500 m; entre los 2300/2500 m hasta los 3200/3500 m se encuentra la zona de bosque andino de enanillos, robles y otros géneros de árboles; la zona de páramo se extiende hasta los 4000/4200 m; el cinturón de superpáramo se distribuye desde los 4000 a 4200 m hacia arriba (Van der Hammen, 1992). Los pueblos chibchas cultivaron las fértiles tierras del altipla­ no ubicadas por encima de los 1000 msnm, aprovechando la variedad de vege­ tales de los distintos pisos térmicos, sistema conocido como micro verticalidad o archipiélago vertical (Murra, 1981), con el fin de complementar su dieta ali­ menticia y obtener productos para el intercambio comercial, mediante el cual, a su vez, accedían a manufacturas y productos que no poseían. Cultivaban maíz, tubérculos (papa, arracacha, batata, yuca, cubios, ulluco, ibias), fríjol, hortalizas, verduras, frutas y posiblemente quinoa; recolectaban bayos de los bosques y cazaban venados, conejos y otros animales de monte. Criaban curí y patos y mantenían venados en vedados (Pradilla et al., 1995; Enciso, 1996; Rodríguez, 1998;). Su dieta alimenticia era abundante y balanceada en proteí­ nas, carbohidratos, vitaminas y minerales. En general gozaban de buena salud, aunque poseían una expectativa de vida al nacer cercana a los 20 años de edad; una alta mortalidad infantil entre 20-40% en los primeros 10 años de vida, posiblemente por enfermedades infecto-contagiosas como la tuberculosis y por la práctica del infanticidio (Rodríguez, 1999; Alvarez, 1999).

La unidad de la organización social estaba constituida por las capi­ tanías o parcialidades, con tres o más capitanes, según el tamaño poblacional, pero con un solo cacique a cargo de cada pueblo (Patino, 1983:361); los gru­ pos eran exógamos, matrilineales a nivel intralocal, endógamos en sentido interlocal, cuyo poder lo heredaba el sobrino, hijo de la hermana del cacique, con el fin de asegurar la conservación de la jerarquía (Simón, 1981, III: 195; ver F. Correa en este volumen). En realidad, lo que se pretendía era garantizar 256 LOS CHIBCHAS el control del poder político en el seno de determinados linajes, que se mante­ nía mediante el intercambio de mujeres. Según su jerarquía y magnitud se divi­ dían en capitanías menores («fa) y mayores (sybyn). Un grupo de capitanías constituía una unidad mayor denominada por los españoles pueblo o cacicazgo. Los caciques estaban igualmente jerarquizados e influidos militar y política­ mente, sometiéndose a confederaciones: Bacatá (), al sur del altiplano; Hunza (), al centro; Duitama y ()al norte. Algunos pueblos mantenían su carácter independiente, como Moniquirá, Ráquira, Suta y Sorocotá. Por otro lado, los centros religiosos de Guatavita y Sogamoso ejer­ cían un gran poder político en el mundo muisca (ver mapa del territorio chibcha a la llegada de los españoles en Rodríguez, 1999:31).

Los chitareros constituían comunidades dispersas e independientes, sin ca­ ciques permanentes pero que los nombraban en tiempos de guerras; ocupaban la cuenca alta del río Zulia, en la provincia de Soto, cuyo mayor centro es actualmente Pamplona, Norte de Santander. Se extendían desde las cuencas altas de los ríos Guaca y Servitá, abarcando una amplia franja hasta el río Suratá, en las tierras del complejo minero colonial de Vetas y las Montuosas Alta y Baja. Al igual que sus vecinos chibchas, aprovechaban los distintos pisos tér­ micos, desde los cálidos hasta los propios páramos (Aguado, 1956:463-466; Calle, Rodríguez, 1961; Moreno, Pabón, 1992; Pabón, 1992; Langebaek, 1992; Rodríguez, 1999; Pérez en este volumen).

Los guanes ocupaban la mesa de Gérida o Los Santos, extendiendo su terri­ torio por la cuenca media y baja del río Suárez, hasta el río de Oro, por el occidente; por el norte colindaban con los chitareros por el cañón del Chicamocha; al oriente y sur las vertientes de la cordillera Oriental servían de límites. Habitaban las zonas altas y secas bien resguardadas con dominio estra­ tégico del paisaje (Castellanos, 1997; Rodríguez, 1978; Cifuentes, 1990; Pinto et al., 1994; Martínez, 1995). Los naturales de esta provincia eran diferentes en lengua y nación de los de la provincia de Vélez, que a su vez eran del mismo trato, ritos y costumbres de los de Tunja (Patino, 1983:79).

Los laches habitaban la comarca alta y fría de la Sierra Nevada del Cocuy, Güicán o Chita, en la cuenca alta del río Chicamocha, irrigada por los ríos Chitano y Nevado, afluentes del primero. Alcanzaban por el norte el valle de Tequia; por el noroeste el río Manco; por el sur y suroeste confinaban con las tierras del . El valle de Tequia, nombre antiguo de San José de Miranda estaba ocupado por comunidades denominadas tequias, diferentes de los laches en len­ gua y trajes (Aguado, 1956:333; Falchetti, Plazas, 1973:50; Moreno, Pabón, 1992:4; ver P. Pérez en este volumen). Según varios autores (Silva, 1945:379; Faust, 1990:45; Pérez, 1999:48) U'wa, Tunebo y Lache serían una misma comu­ nidad. Al igual que las otras comunidades chibchas, aprovechaban el sistema CRANEOMFTR1A DE LA POBLACIÓN PREHISPÁNICA DE LOS ANDES ORIENTALES DE COLOMBIA 257 económico de microverticalidad mediante la división del año en cuatro estacio­ nes, correspondientes a cuatro zonas altitudinales de ceremonias, residencia y obtención de recursos agrícolas (Osborn, 1985, 1990, 1995).

Para la llegada de los españoles el tamaño poblacional alcanzaba, según distintos estimativos (Rodríguez, 1999), entre 150.000 a 250.000 habitantes de la provincia de Bogotá, entre 120.000 y 175.000 pobladores de la provincia de Tunja; aproximadamente 50.000 en Duitama y otros tantos en Sogamoso; cerca de 20.000-30.000 laches en los límites de la Sierra Nevada del Cocuy, Boyacá; aproximadamente 100.000-150.000 guanes en la Mesa de los Santos, Santander; y 60.000-80.000 chitareros en la provincia de Pamplona, Santander del Norte, para un total de 550.000-800.000 chibchas, en un área cercana a los 30.000 km2 (Rodríguez, 1999). Treinta años después del primer encuentro, las enfermedades, la guerra de tierra arrasada, el maltrato físico, la descomposi­ ción de las estructuras familiares, políticas y religiosas redujo la población na­ tiva casi en un 80% de la población. Actualmente, más de! 70% de la población posee genes caucasoides predominantes.

Con relación a los orígenes de los pueblos chibchas se han tejido varias hipótesis, que se pueden resumir en dos tendencias: 1- Migracionista, que interpreta los cambios en los períodos que caracterizan la variación cultural de los Andes Orientales por el arribo de distintas oleadas migratorias prove­ nientes de tierras bajas del litoral Caribe (Reichel-Dolmatoff, 1986; Lange­ baek, 1987; Lleras y Vargas, 1990; Lleras, 1995). 2- Microevolutiva, que sustenta una continuidad temporal muy profunda en el territorio de las comu­ nidades chibchas, reflejo de una milenaria adaptación medioambiental y de una compleja organización social (Silva C, 1968, 1981; Duque G., 1965, 1967; Cárdale, 1987; Rodríguez, 1987, 1992, 1999; Pérez, 1999). Este tra­ bajo pretende, igualmente, arrojar luces sobre esta controversia desde la pers­ pectiva bioantropológica.

3. Materiales y métodos Con el propósito de recrear las condiciones del pasado, y dado que es imposible experimentar con las poblaciones humanas, se aplica el método comparativo como una alternativa eficiente para analizar su evolución y la asociación de caracteres con la filogenia y la adaptación ecológica, teniendo en cuenta las similitudes y diferencias en la variación craneométrica. Esta última se emplea dado que su heredabilidad (h2) es considerada alta, oscilan­ do en promedio entre 0.55 y 0.69 (Rothhammer et al., 1984; Powell, Neves, 1999). La similitud se puede deber a analogía u homología, conceptos bási­ cos en el análisis comparativo de poblaciones - desarrollado por el entomólogo 258 LOS CHIBCHAS alemán Willi Hennhig -. Los rasgos son análogos si cumplen funciones simi­ lares pero derivan, desde el punto de vista evolutivo y del desarrollo, de dife­ rentes fuentes. Un ejemplo clásico son las alas de los insectos y de los murciélagos. Por otro lado, los rasgos son homólogos si derivan, bajo la óp­ tica de la evolución y del desarrollo, de la misma fuente. En las reconstruc­ ciones de filogénesis, la homoplasia, que cobija la convergencia, la reversión y el paralelismo, puede crear similitud entre poblaciones filogenéticamente distintas, produciendo errores de interpretación sobre sus orígenes (Freeman, Herrón, 1998). Para evitar la homoplasia se recomiendan los siguientes re­ quisitos para seleccionar los caracteres más informativos que denoten verda­ deramente una relación filogenética (Ibid.:367.):

1. Los rasgos deben ser independientes unos de otros, con el fin de evitar la redundancia de algunos segmentos.

2. Deben ser homólogos, es decir, son informativos solamente si provienen de un ancestro común.

3. Deben minimizar la homoplasia, analizando el ritmo de cambio de los caracteres; siendo difícil detectar los de cambio rápido para inferir filogenia; por lo cual se prefieren los de cambio lento, conservativo.

4. Deben ser relativamente numerosos para evitar el azar en los cambios; si la homoplasia es relativamente grande en una serie de caracteres, entonces una amplia serie de rasgos incrementará la alerta de redundancia.

Las diferencias y similitudes de la comparación intergrupal se plasman grá­ ficamente mediante un cladograma o dendrograma, árbol construido a partir de variables diferenciadoras, de carácter parsimonioso si maximiza el número de homologías y minimiza el número de sucesos evolutivos.

En craneometría se emplean dimensiones lineales y angulares tanto de la bóveda craneal como del esqueleto facial; las primeras tienen el problema de la deformación craneal (Mendonca et al., 1994) y la analogía, forma similar en material genético de origen diferente, que puede ocultar sus orígenes. Si parti­ mos que los puntos craneofaciales están condicionados genéticamente por es­ tar localizados en la intersección de tejidos, especialmente entre suturas, las superficies de los objetos medidos mediante puntos coordinados (triangulados) pueden ser modeladas como multifacéticas, brindando una mejor idea de las proporciones de los objetos, permitiendo una mejor diferenciación interpoblacional (Dean, 1995). Desde el punto de vista metodológico la varia­ ción de las dimensiones de proyección (coordinación) del esqueleto facial ob­ tenidas con el compás de coordinación (ángulo frontomalarorbital, cigomaxilar, malar), al igual que el grado de proyección de los huesos nasales medido con CRANEOMETRÍA DE LA POBLACIÓN PREHISPÁNICA DE LOS ANDES ORIENTALES DE COLOMBIA 259 el goniómetro (ángulo nasofacial) y el calibrador ya mencionado (ángulo simótico, dacrial, maxilofrontal, alpha, zygoorbital), son más indicados para diferenciar mongoloides (nariz de dimensiones medias, pómulos prominentes, rostro muy ancho y aplanado), de caucasoides (nariz prominente, rostro an­ gosto, perfilado y ortógnato) y australoides (nariz muy ancha y corta, rostro prognato); y abordar la problemática de las respuestas adaptativas (Debetz, 1968), desde que fueron propuestos por Woo y Morant en 1934 (Debetz, 1951; Guinzburg, 1967; Alexeev, 1984; Howells, 1989; Rodríguez, 1992; Gilí et al., 1986).

Por esta razón en el presente reporte se hizo énfasis en las medidas de pro­ yección o coordinación. Los ángulos nasomalar (NMA), cigomaxilar (SSA), nasofacial (NFA) y simótico (SIA) para las series publicadas en donde no fue­ ron medidos se tomaron de Woo-Morant (1934), Debetz (1951), Alexeev (1984) y Guinzburg (1967) (Tablas No. 6, 7).

3.1 Materiales Se analizaron las colecciones existentes en el Instituto Colombiano de An­ tropología (ICAN), Instituto de Ciencias Naturales (ICN) y Laboratorio de Antropología Física (LAF) de la Universidad Nacional de Colombia en Bo­ gotá; Museo Arqueológico de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia en Tunja (UPTC); Museo Arqueológico de Sogamoso (MAS); Casa de Bolívar de la Academia de Historia de Santander en Bucaramanga (CBB); Instituto Vailecaucano de Investigaciones Científicas (INCIVA) de Darién, Valle. Se midieron en total 147 cráneos muiscas de Bogotá; 75 muiscas de Tunja; 58 muiscas de Sogamoso; para un total de 280 muiscas; 48 de la Mesa de Los Santos (guanes), 12 del Cocuy (laches) y 11 de Silos (chitareros); para un gran total de 351 cráneos de la familia lingüística Chibcha, fechados entre los siglos II-XIV d. C. Del período Herrera (circa 2000 a. P.) se midieron 15 individuos. Del período precerámico se analizaron 35 ejemplares de y 20 de (Correal, Van der Hammen, 1977; Correal, 1990), Chía (Ardila, 1986), Checua (Groot, 1992) y Floresta (excavados por Eliécer Silva Celis), para un total de 55 individuos precerámicos, fechados entre el VHI-II milenio a.C. De estos últimos se obtuvieron las medidas de proyección facial que no habían sido reportadas anteriormente. Finalmente, se agregaron 45 cráneos prehispánicos de otras regiones (valle del río Cauca, valle del río Magdalena, Caribe, Guajira, Sierra de Perijá, Nariño, Huila, Quimbaya), y 59 mestizos contemporáneos, con fines comparativos. Tam­ bién se compararon con muestras de América, Asia, Polinesia, Australia y Polinesia, para un total de casi 4.000 cráneos. 260 LOS CHI CHAS

3.2 Cronología Con el propósito de obtener un contexto cronológico de las colecciones recolectadas hace 50 años se fecharon tres muestras de hueso del Museo Ar­ queológico de Sogamoso (MAS) y una del esqueleto No. 5 de Arboloco, Chita, Boyacá (Pérez, 1999:163) en el laboratorio de Beta Analytic Inc., con los si­ guientes resultados:

No. Laboratorio Fecha convencional Muestra Procedencia Beta-129230 190±40d.C. Sog.Mon.560080 ¡Monquirá, Sogamoso, Boyacá (MAS) Beta-129236 330±40 d.C. Chita T5.212 Chita, Boyacá (LAF) Beta-129227 1080±40d.C. Tas.7800121 Tasco, Boyacá (MAS) Beta-129238 1320±40d.C. Jen.5800103A Jenesano, Boyacá (MAS)

Los restos óseos de la muestra de Monquirá, Sogamoso, representan la ma­ yoría de la colección ósea del Museo Arqueológico de Sogamoso y están aso­ ciados según Eliécer Silva Celis y Margarita Silva (información personal, 2000) a cerámica muisca. Si esto se llegase a confirmar, sería la fecha más antigua y señalaría que el desarrollo de la cultura Muisca se remontaría a un período más antiguo de lo que se pensaba, por lo menos para el norte de Boyacá, entre los siglos II-IV d. El yacimiento de Chita, por su parte, está asociado a cerámica Herrera. Tasco y Jenesano corresponden al período cultural Muisca.

4. Resultados

4.1 Análisis individual Se estimó el sexo según los parámetros de variación morfoscópica del cráneo (desarrollo de las inserciones musculares, forma de la mandíbula, tamaño de las apófisis mastoideas, tamaño dental) y esqueleto postcraneal cuando se poseía (forma dei ilion y pubis, escotadura ciática mayor, robustez de huesos largos), además de las dimensiones del cráneo y' huesos largos (Rodríguez, 1994). Hubo dificultades en la estimación del sexo en la colección de cráneos procedentes de la Mesa de los Santos, Santander (Tabla No. 6, 7), por cuanto son muy gráciles, manifiestan reducido dimorfismo sexual y no poseen ni dientes ni esqueleto postcraneal. Por tal razón se consideraron las medidas que expresan mayormen­ te este dimorfismo como las anchuras cigomática, frontotemporal y cigomaxilar.

La edad se estimó teniendo en cuenta el grado de obliteración de las suturas craneales, el desgaste dental y la metamorfosis de la sínfisis púbica, superficie CRANEÓMETRÍA DE LA POBLACIÓN PREHISPÁNICA DE LOS A.NDES ORIENTALES DE COLOMBIA 26 1

auricular del ilion y de la fosita articular de la cuarta costilla, cuando existía (Buikstra et al., 1994). Se apreció que el diagnóstico de la edad apoyado sola­ mente en el desgaste dental sobrestimaba la edad en unos 5 años, en virtud del acentuado desgaste dental por la dieta abrasiva de los alimentos procesados en metates y manos de moler de piedra que arroja partículas silíceas bastante abrasivas.

El análisis paleopatológico se orientó a detectar las anomalías que desvir­ túan las dimensiones originales de la bóveda craneal (esplagiocefalia, hidroce­ falia, osificación incompleta, fracturas, trepanación, deformación ante y postmortem); del maxilar por desgaste dental, caries, enfermedad periodontal y pérdida de dientes que produce absorción alveolar; y de otras regiones de! cráneo como consecuencia de la atrofia de los cóndilos mandibulares y de las apófisis mastoideas (Rodríguez, 1999).

Dado que algunos grupos étnicos practicaban la deformación cefálica inten­ cional, particularmente los guanes (Mesa de los Santos), laches (Cocuy), muiscas de Tunja (Cercado Grande de los Santuarios y Samacá), muiscas de Sogamoso (Sativa), muiscas de Bogotá (Pasca, Gachalá), y, especialmente, los grupos ca­ ribes (panches, valles del Cauca y Magdalena), quimbayas y del Altiplano Na- riñense; se estableció una codificación (Tabla No. 1) que abarcara tanto los procesos intencionales, los no deliberados (deformación de cuna, porte de car­ gas a la espalda) y los naturales (postmortem), modificando la propuesta de T. D. Stewart (1973:186-187).

Hay que acotar que si bien la práctica de deformación se ha asociado según algunos autores a estatus social (Pradilla et al., 1995; Boada, 1995; Quiñones, Segura, 1998); no obstante, el estatus podía ser heredado entre los descendien­ tes de los caciques, pero también adquirido por mérito propio, como se obser­ vaba entre los guechas, seleccionados por su corpulencia para salvaguardar las fronteras muiscas ante el embate de los belicosos caribes. Estos últimos al no poseer estatus heredado no sufrían la deformación cefálica al nacer, y, por con­ siguiente, se les encuentra sin tal alteración en las tumbas. Tal podría ser el caso de la tumba No. 88 del cementerio de , Cundinamarca, excavado en 1987 por Alvaro Botiva (1988), y que corresponde a un individuo senil, muy robusto, enterrado en una planta de vivienda; práctica destinada a los jefes mayores.

4.2 Análisis intragrupal Para el análisis estadístico solamente se midieron los individuos adultos mayores de 20 años de edad que ya han alcanzado la madurez ósea a nivel del 262 LOS CHIBCHAS

Tabla No. 1. Tipos de deformación craneal

Cod Tipo Características 1 Ninguno Sin deformación evidente. 2 Frontal oblicua Aplanamiento frontal inclinado, sin alterar el occipital por contra fuerza, al soportar cargas a la espalda sujetas con bandas en la frente desde la temprana infancia; no sería intencional. 3 Frontal vertical Aplanamiento frontal erecto, sin alterar ei occipital, por presión de bandas sobre la sutura coronal. Se aprecia en muiscas de Tunja y Samacá. 4 Lambdoideo Aplanamiento inclinado de la región lambdática, en la intersección del occipital y parietales, afectando hasta obelion; se observa en niños sujetados rígidamente a la cuna por la parte postero-superior de la cabeza; puede ser deliberado o accidental. Se observa en muiscas de Tunja. 5 Occipital vertical Aplanamiento vertical del occipital, por presión de la parte posterior de la cabeza sobre la superficie dura de la cuna. Predomina en muiscas de Bogotá. 6 Fronto-occipital paralela Deformación del frontal y occipital con inclinación posterior (tabular oblicua) de ambos huesos; se relaciona con práctica deformatoria de cuna. Predomina en la Mesa de los Santos y Sativa. 7 Fronto-occipital vertical Aplanamiento vertical por presión simultánea de ambos (tabular erecta) huesos por tabletas curvas de arcilla sujetas lateralmente. Predomina en el valle del Cauca. 8 Fronto-occipital Deformación de ambos huesos pero con planos convergentes. convergente (tabular Se observa en Tunja y Samacá, Boyacá y en Gachalá, oblicua convergente) Cundinamarca. 9 Pseudocircular Deformación de los huesos frontal y occipital mediante bandas que producen una depresión circular. Se observa en Mesa de los Santos y Chiscas. 10 Coronal Depresión a lo largo de la sutura coíonal. Reportada en yukos de la Sierra de Perijá. 11 Occipito-temporal Aplanamiento lateral de occipital y temporal por presión no controlada de cuna o postmortem. 12 Fronto-occipital oblicuo- Aplanamiento inclinado del frontal y vertical del occipital, por erecto planos diferentes de las tabletas deformatorias. Se observa en Sativa, Floresta (muiscas), Duitama (Herrera), valle del Magdalena (panches), Tibacuy, Nariño. 13 Parietal aquillado Debido a la obliteración prematura de la sutura sagital se produce un aquillamiento de los parietales.

cráneo, aunque pueden presentar ausencia de sinostosis de las epífisis articula­ res. La composición de la base de datos se extendió a 83 variables cráneo- métricas (Tabla No. 5) reportadas en los estudios de Alexeev, Gochman, 1984; Gilí et al., 1986; Howells, 1989; Neves et al, 1995. Se estudiaron y procesa­ ron por aparte los grupos de ambos sexos en virtud del dimorfismo sexual existente en la especie Homo sapiens sapiens que se puede aproximar al 4% (oscilando entre 2.9 a 5%) en la mayoría de dimensiones craneométricas para CRANEOMETRÍA DE LA POBLACIÓN PREHISPÁNICA DE LOS ANDES ORIENTALES DE COLOMBIA 263

las poblaciones prehispánicas de Colombia -en cuanto a la estatura se aproxi­ ma al 7%-. Esto significa que el índice promedio es de aproximadamente 1,04 para convertir medidas femeninas a masculinas.

La deformación que prevalece entre los cráneos analizados es la occipital (tipo 5 y 6), producida quizás por cuñas deformatorias utilizadas durante la permanencia de los niños en la cuna. El aplanamiento del occipital es de tal magnitud, que afecta considerablemente las dimensiones naturales de la bóve­ da craneal; al colocar los cráneos sobre superficies planas éstos reposan de manera equilibrada sobre el occipital. Al analizar la correlación de Pearson entre la deformación craneal y las distintas variables craneométricas estudia­ das, se encontró que la subtensa frontal (-.510**), la fracción de la subtensa frontal (.439**)* el diámetro transverso máximo (.434**), la subtensa occipital (-.407**), el diámetro antero posterior máximo (-.403**), la cuerda parietal (-.368**), la anchura frontal máxima (.296**), la anchura biauricular (.289**), la anchura biastérica (.261**), la proyección glabelar (.223**), la anchura maxiloalveolar (.214**), la anchura bicigomática (.213**), la longitud mandibular (-.212**), la anchura bicondilar (.200**), la anchura biorbital (.201**) y zygoorbital (.201**) son las dimensiones más afectadas por esta práctica cultural arraigada en algunos pueblos indígenas. A mayor deforma­ ción mayor anchura craneal, menor pronunciamiento del frontal y occipital y menor longitud de la bóveda craneal. En virtud que la deformación de la cabe­ za se realizaba en los primeros años de vida aprovechando la plasticidad del neurocráneo, esta práctica afectaba su crecimiento impidiendo el desarrollo normal de un hueso aparentemente estable como el parietal, el cual era reduci­ do en longitud, al igual que el frontal y el occipital, aunque con menor intensi­ dad. Como consecuencia de este proceso la longitud total de la cabeza se veía afectada, reduciéndose considerablemente, especialmente en las deformacio­ nes fronto-occipital tipos 7 (vertical) y 12 (frontal oblicuo y occipital erecto); como sucedía en las poblaciones caribes de los valles de los ríos Cauca y Mag­ dalena, y en el altiplano Nariñense (Tabla No. 2).

Por su parte, las dimensiones de proyección (frontomalar, cigomaxilar y simótica), exceptuando el ángulo nasofacial (.174**) y los radios de Howells (.210** a .272**) no se ven afectados por la deformación craneal. Estos facto­ res hay que tenerlos en cuenta en la selección de las variables para los análisis intra-intergrupales, pues pueden incidir en el establecimiento de los niveles de similitud y el significado de las diferencias (Tablas No. 6, 7).

La mayoría de variables observan similares coeficientes de correlación de Pearson a los reportados por Howells (1989), particularmente los que definen los mismos segmentos. Así, los segmentos transversos como la anchura máxi­ ma del neurocráneo está significativamente correlacionado con la anchura 264 LOS CHIBCHAS

Tabla No. 2. Frecuencia de los tipos de deformación craneal

Tipo Muisca Bogotá Muisca Tunja Muisca Los Santos Silos Cocuy Sogamoso (Guane) (Chitarero) (Lache) Sexo M F M F M F M F M F M F

1 42.2 37 44 46.4 55.5 66.7 28.1 36.8 77.8 62.5 12.5 - 2 ------3 ------4 3.6 6.2 8.5 - 2.2 13.3 - 5.3 - - - - S 21.7 39.5 34 35.7 26.7 20 12.5 10.5 22.2 37.5 50 66.7 6 3.6 1.2 - - 15.5 - 43.8 • 26.3 - - 12.5 33.3 7 12 3.7 ------8 3,6 1.2 8.5 14.3 - - - - - 25 - 9 ------12.5 21 - - - - 10 1.2 ------11 9.6 9.9 ------12 2,4 1.2 2.1 - - - 3.1 - - - - - 13 - - 2.1 3.6 ------

biauricular (.792**), frontal máxima (.764**), biastérica (.602**), bicigomática (.600**), bicondilar (.578**), frontal mínima (.453**), biorbital (.437**), fronto malar orbital (.464**), maxiloalveolar (.385**), orbitaria (.369**), bigoniaca (.357**) y grosor del cuerpo mandibular (.345**). En menor medida con los ángulos nasofacial (.161*), nasomalar (.202**), cigomaxilar (.201**) y simótico (-.105) y la anchura nasal (.180**). Los segmentos longitudinales manifiestan una tendencia similar, de manera que el diámetro antero posterior máximo se correlaciona significativamente con la cuerda parietal (.684**), cuerda frontal (.598**), longitud nasiobasion (.534**), cuerda occipital (.420**), los radios (.252 a .644**) y la altura basibregmática (.403**). En menor medida con los ángulos nasofacial (-.400), nasomalar (-.233**), cigomaxilar (-.279**) y simótico (-.138). Finalmente, los segmentos altitudinales como la basibregmática expresan una alta correlación con los radios (.294 a .781**), altura facial total (.358**), las alturas de la mandíbula (.270 a .453**) y con algunos longitudinales como la nasiobasion (.649**), cuerda parietal (.553**), cuerda frontal (.489**), basiprosthion (.412**) y malar (.402**). Existe poca correla­ ción con los ángulos nasofacial (.102), nasomalar (.199**), cigomaxilar (-.103) y simótico (-.121).

De esta relación se deduce que los radios y sus respectivos ángulos pro­ puestos por Howells (1973) no tienen mucho valor estadístico por estar significativamente correlacionados con la mayoría de variables, y, por consi­ guiente, se pueden obviar del listado de mediciones craneométricas, reducien- CRANEOMETRIA DE LA POBLACIÓN PREHISPÁNICA DE LOS ANDES ORIENTALES DE COLOMBIA 265 do así el tiempo de análisis de los respectivos cráneos. No obstante, son útiles para la reconstrucción de los contornos craneales y establecer el grado de de­ formación tanto del. frontal como del occipital (subtensa y fracción).

Por otro lado, en la matriz de estructura (Tabla No. 3) construida a partir del análisis discriminante en donde la variable de agrupación es el ecosistema y las independientes las craneométricas, usando el estadístico M de Box, matriz de correlaciones intragrupos; se aprecia que en las correlaciones intragrupo combinadas entre las variables discriminantes y las funciones discriminantes canónicas tipificadas, el ángulo cigomaxilar ocupa un lugar preferencial, al igual que las alturas facial superior y la orbitaria, para la primera función; en la segunda se ubican ia altura y anchura nasal y los ángulos nasomalar y simótico. La variación del ángulo cigomaxilar está asociada con el grado de prognatismo alveolar, más evidente en arcaicos, negroides y poblaciones de ambientes desérticos (Glanville, 1977).

En general, los ángulos malar, nasofacial, nasomalar, cigomaxilar, simótico, dacrial, alpha y zygoorbital representan un excelente potencial informativo, por estar poco correlacionados con otras variables longitudinales, altitudinales y transversales, como también por su capacidad diferenciadora a nivel

Tabla No. 3. Matriz de estructura discriminante.

Variable Función

1 2 Ángulo cigomaxilar .725* -.689 Altura nasoalveolar .658* .464 Altura orbitaria .365* .309 Anchura bicigomática .300* .156 Ángulo nasofacial -.197* .191 Longitud nasobasilar .195* .187 Altura nasal .679 .734* Ángulo nasomalar .352 -.396* Ángulo simótico .226 -.353* Anchura frontal mínima -.015 .309* Anchura nasal .225 .302* Anchura orbitaria mf .184 .280* Diámetro antero posterior máx .145 .194* Longitud nasoprosthion .052 .180* Diámetro transverso máx .095 .168* Altura basibregmática .003 .078* * Mayor correlación absoluta entre cada variable y cualquier función discriminante 266 LOS CHIBCHAS intergrupal. Así, el ángulo cigomaxilar permite diferenciar muy bien los gru­ pos negroides y australoides de los caucasoides y mongoloides; a su vez, el nasomalar, nasofacial y simótico diferencian los caucasoides de los mongoloides, las poblaciones del nordeste norteamericano de las del noroeste.

4.2.1. Población precerámica Compuesta por los grupos de Tequendama (temprano, 8000-5000 a.P.) (Ta­ bla No. 6)(Correal, van der Hammen, 1974), Checua (Foto No. 1) (Groot, 1992), Chía (Ardila, 1986) y Floresta (Buitrago, Rodríguez, 1998) por un lado, y por Aguazuque (Foto No. 2, 3) y Vistahermosa (tardío) (Correal, 1990), por otro (Tablas No. 6, 7). El grupo temprano (Foto No. 1) se caracteriza por poseer una bóveda craneal alargada, angosta y alta (dolicohipsicéfala). La frente es angosta, medianamente pronunciada en sus arcos superciliares. Las órbitas son de dimensiones medias. Los huesos nasales son poco sobresa­ lientes, de anchura media, al igual que la apertura periforme. La mandíbula es de anchura media a nivel condilar pero angosta en la región goniaca; men­ tón poco pronunciado; rama ascendente ancha. El rostro en genera! es de anchura, altura y proyección media en la porción frontomalar, aunque perfi­ lado en el plano cigomaxilar.

El grupo de Aguazuque (tardío, 5000-2700 a.P.) (Foto No. 2) repite a gran­ des rasgos las características morfométricas de Tequendama, aunque es más grácil, con arcos superciliares menos pronunciados, de rostro más angosto, más alto, más perfilado, fosa canina más profunda por observar mayor prognatismo facial; la mandíbula es igualmente más grácil (Correal, 1990). De bóveda craneal alargada, muy angosta, alta. Frente angosta, medianamente pronunciada, arcos superciliares medianamente desarrollados. Órbitas de di­ mensiones medias. Nariz ancha en su base, poco prominente, apertura periforme de anchura media; de corta altura. El rostro es de anchura y altura media; medianamente aplanado en la porción frontomalar, perfilado en el cigomaxilar. Mandíbula angosta a nivel bicondilar, muy angosta en ei bigoniaco, de cuerpo corto de altura, muy delgado, rama ascendente alta y de anchura media. La estatura reconstruida para varones es de 157,1 cm y de 155,4 cm para mujeres. Desde el punto de vista de sus características genéticas, en un individuo de Checua fue ubicado haplotipo mitocondrial C; en tres individuos de Aguazuque haplotipo B (Fernández, 1999).

Exceptuando la longitud nasiobasion, cuerda parietal, longitud basibregmática, altura nasoalveolar y la anchura maxiloalveolar, el grupo mas­ culino es más variable. A pesar de estar distanciados temporalmente cerca de 2000 años, las diferencias entre las poblaciones precerámicas temprana y tar- CRANEOMETRIA DE LA POBLACIÓN PREHISPÁNICA DE LOS ANDES ORIENTALES DE COLOMBIA 267 día son insignificantes (Gráfica No. 1), y por consiguiente, se pueden agru­ par en un solo conglomerado denominado por Neves et al., (1995) PIHL (Paleoamerican Indian Highland) (Tablas No. 6, 7). Habitualmente se consi­ dera que este grupo, por su aspecto mesomorfo, no especializado en direc­ ción mongoloide, manifiesta una gran afinidad con las poblaciones australo-melanesias, interpretado como producto de un origen común por al­ guna de las oleadas migratorias. No obstante, las distancias euclídeas de este trabajo, tanto en masculinos como en femeninos, reflejan una gran cercanía a las poblaciones arcaicas y horticultoras de la región andina, al arcaico de México (Coahuila), Kentucky (Indian Knoll), Alabama (Shell Mound) y, es­ pecialmente a la contemporánea botocudo (EGCB) del Brasil. De otras latitu­ des se aproxima a las arcaicas asiáticas (Ulangom, Serov) y Ainu. Su aspecto mesomorfo encaja en la discusión sobre los orígenes de las poblaciones paleoasiáticas, en donde se plantea ya sea mesomorfia o mestizaje para ex­ plicar los rasgos no muy bien definidos entre mongoloide y caucasoide de algunas poblaciones arcaicas y contemporáneas de los Urales (Janti, Mansi, Ket) (Debetz, 195; Mamonova, 1980; Dremov, 1980; Alexeev, Gochman, 1984; Kozintsev et al., 1999). Además, tanto las distancias craneométricas (Figura No. 2) como las no métricas (Figura No. 5) señalan la continuidad fenética entre paleoamericanos y andinos; en esta última figura se aprecia una gran cercanía entre Tequendama y Aguazuque con los muiscas de Bogotá, Tunja y Sogamoso, además con Silos, Los Santos, y, en menor medida, con Cocuy y Duitama.

Por otro lado, vale la pena resaltar que el individuo de Aguazuque Az- 458-16 (Foto No. 3) de estrato superior y más tardío (Correal, 1990). observa rasgos muy particulares, con un índice cefálico de 77,1, bóveda craneal trapezoidal; ángulo nasofrontal de 139,8° y cigomaxilar de 124,8°; altura orbitaria de 37 mm; su color es amarillo, diferente al gris del resto de enterramientos -quizás no fue cremado-. Es probable, entonces, que se haya presentado un proceso de transición entre los dolicocéfalos tempranos y braquicéfalos tardíos.

4.2.2. Población Herrera El material óseo del período Herrera procede básicamente de la vereda San Lorenzo Bajo, municipio de Duitama, Boyacá. Corresponden a un rescate ar­ queológico realizado por el arqueólogo Camilo Rodríguez durante 1999, fe­ chados en 2000 años a.P. (información personal de Camilo Rodríguez). También se han incluido algunos ejemplares excavados en el Templo de por Gregorio Hernández de Alba (1937) y los excavados por Pablo Pérez (1999) en Chita, Boyacá. El cráneo mejor conservado de Duitama (Foto No. 4) perte- 268 LOS CHIBCHAS nece a un individuo de sexo masculino, 35-40 años de edad, con deformación fronto-occipital, variante 12, con el frontal inclinado y el occipital erecto. Bó­ veda craneal muy ancha y muy corta, de altura reducida como consecuencia de la deformación. Frente muy angosta y muy inclinada por la misma observa­ ción anterior. Órbitas altas, de anchura media. Nariz angosta, de altura media, con huesos nasales propios poco pronunciados. Rostro ancho, alto, de pómu­ los pronunciados. La mandíbula es muy ancha en su porción condilar, media a nivel gonial, de rama ascendente de anchura media y poco inclinada. La bóve­ da craneal es ancha y corta; la frente es angosta, inclinada; órbitas altas, de anchura media; nariz angosta, alta, poco prominente. El rostro es ancho, alto y aplanado, con pómulos prominentes. La estatura reconstruida en los pocos ejem­ plares de que disponemos es de 165,5 cm para los varones y de 150 cm para las mujeres.

Por el conjunto de rasgos se asemejan a las poblaciones andinas, especial­ mente de Tunja, incluido el tipo de deformación craneal. No presentan la bóve­ da craneal ancha, baja e inclinada, nariz ancha y aplanada, y ante todo el prognatismo alveolar característico de los grupos venezolanos (Guajira, Cerro de Luna, La Pica), de donde algunos autores asumen provienen en oleadas tardías (Lleras, 1995). Desde el punto de vista genético los estudios en el indi­ viduo D-04 señalan haplotipo mitocondrial B, que predomina entre los muiscas (Fernández, 1999).

Por su parte, los individuos No. 2 y 5 (Foto No. 5) procedentes del sitio de Arboloco, sector de Chonegal, vereda de Vichacuca, municipio de Chita (Pérez, 1999), asociados a cerámica del tipo Covarachía Inciso Impreso, fechados en­ tre los siglos I-II a V d.C, correspondientes a comunidades relacionadas al período Herrera del Formativo Tardío; se caracterizan por ser de bóveda cra­ neal alargada, angosta y baja, occipital redondeado, órbitas muy altas y muy anchas. La estatura reconstruida de tres individuos masculinos arrojó una cifra de 156±2,8 cm. Estas características físicas son muy diferentes tanto de los paleoamericanos -a pesar de ser dolicocéfalos- , los herreras de Duitama y Tunja como de los tardíos laches. Entretanto, el material óseo de Cocubal, Jericó como el de Chiscas, fechado el primero entre los siglos XIV-XVI d.C. podría corresponder a la etnia Lache (Pérez, 1999).

Estas anotaciones señalan que la morfología de la población Herrera es muy heterogénea y se deduce a partir de unos cuantos ejemplares; por consiguiente la muestra no es representativa para resolver el problema del paso de los plantadores precerámicos a los agroalfareros tempranos. Este es uno de los mayores vacíos investigativos del presente reporte y que futuras investigacio­ nes deberán resolver. CRANEOMETRIA DE LA POBLACIÓN PREHISPÁNICA DE LOS AMDES ORIENTALES DE COLOMBIA 269

Foto 1. Checua 12 Foto 3. Aguazuque 458-16

Foto 2. Aguazuque 458

Foto 5. Chita T-:

CRANEOMETRIA DE LA POBLACIÓN PREHISPÁNICA DE LOS ANDES ORIENTALES DE COLOMBIA 27 1

4.2.3. Muiscas a) Población de Bogotá El grupo de Bogotá está integrado predominantemente por ejemplares de Soacha (Foto No. 6), Bogotá (Candelaria la Nueva, Tunjuelito), y unos pocos ejemplares de Guatavita, Gachalá (Foto No. 7) y Pasca. Se caracteriza por ser de bóveda craneal corta, ancha, de altura media. La frente es de anchura media, poco prominente, de arcos superciliares desarrollados. Las órbitas son de anchu­ ra y altura media. La nariz es de anchura media, corta de altura, poco pronuncia­ da en su punta, de valor medio en la raíz (simótica). La región maxiloalveolar es bastante ancha. El rostro en general es ancho, corto de altura, aplanado a nivel frontomalar, perfilado en cigomaxilar; los pómulos son prominentes La mandí­ bula es ancha en su porción bicondilar, de anchura media en la bigoniaca. El cuerpo mandibular es bajo, medianamente grueso; la rama ascendente es ancha, ángulo medianamente abierto. La mandíbula en su rama ascendente es de an­ chura media, corta de altura, con una amplia distancia intercondilar acompañada a su vez de una anchura media en su porción bigonial.

A pesar de esta caracterización generalizada del patrón morfológico total de los muiscas de Bogotá, cabe resaltar que las mujeres (Foto No. 6) se diferen­ cian del patrón masculino por presentar un rostro más ancho que encaja en el grupo de mayor anchura facial en el ámbito mundial; la nariz es igualmente más ancha y aplanada y el grado de robustez mandibular es mayor. Esta última característica podría estar relacionada con la actividad de masticación del maíz en la preparación de la , bebida que se fermentaba con la saliva de las mujeres.

El grupo masculino es más variable a nivel del diámetro antero posterior, altura basibregmática y dimensiones mandibulares (anchura bicondilar, bigoniaca, longitud del cuerpo y altura mentoniana). El grupo femenino es más variable en cuanto las anchuras (diámetro transverso, anchura frontal, biastérica, cigomaxilar) y ángulo nasofacial. En cuanto a la deformación craneal se refie­ re, vale la pena resaltar que predomina el aplanamiento occipital (35.9 % en masculinos y 55.6% en femeninos, variantes 4, 5 y 11). En Pasca y Gachalá (Foto No. 7) (Tabla No. 2) se aprecia deformación fronto-occipital, variantes 6, 7, 8 y 12; con un 21.6% en masculinos y solamente 7.3% en femeninos, seña­ lando probablemente diferenciación social y sexual.

La estatura promedio de los varones muiscas de Soacha se aproxima a los 158,6±3,1 cm, en las mujeres a 147,4±3,6 cm. El índice braquial (proporción entre la longitud del radio con relación al húmero) es de 78,5 en varones y 75,6 en mujeres, expresando una proporción entre el antebrazo y el brazo cercano 272 LOS CHIBCHAS al promedio de los amerindios y negroides. El índice crural (relación entre la tibia/fémur) es de 81,1 y 82,0 en varones y mujeres respectivamente, expre­ sando una pierna relativamente corta con relación al muslo. Por el índice intermembral (húmero/fémur) la extremidad superior es relativamente más corta que la inferior. En general, eran de estatura baja, tronco largo, pecho ancho, brazos largos y piernas cortas. En los estudios de ADN mitocondrial predomi­ na el haplotipo B, aunque se encuentran también A, C y D (Fernández, 1999). b) Población de Tunja, Boyacá El grupo de Tunja es el más homogéneo por corresponder básicamente al material excavado en el Cercado Grande de los Santuarios (Foto No. 8), pre­ dios de la UPTC; también se han incluido algunos ejemplares de Vélez, Santander. Resalta por ser de bóveda craneal corta en sentido antero posterior, anchura y altura medias. Frente angosta, muy poco prominente; arcos superciliares medianamente prominentes. Órbitas de anchura y altura media. Huesos nasales poco sobresalientes; apertura periforme de anchura media, cor­ ta de altura. Rostro en general de anchura y altura media, aplanado a nivel frontomalar, perfilado en la porción cigomaxilar. Predomina el aplanamiento occipital con diferentes grados de intensidad, desde la variante vertical (5) has­ ta la fronto-occipital convergente; esta última presenta una frecuencia de 8.5% y 14.3%, respectivamente para hombres y mujeres, contrariamente a lo que se observa en otros grupos de Bogotá y Sogamoso (Tabla No. 2). En varios casos se aprecia que el cráneo puede reposar de manera equilibrada sobre el occipital. Algunos ejemplares presentan rasgos guanoides por su morfología facial, es­ pecialmente de la nariz. Las mandíbulas de Tunja son menos robustas y mucho más angostas; este rasgo aunado a una mayor frecuencia de caries podría seña­ lar la inclusión en la dieta alimenticia de una variedad de maíz más blando y con mayor contenido de glúcidos como el Zea maiz saccharata. El grupo mas­ culino manifiesta mayor variabilidad en la gran mayoría de rasgos, exceptuan­ do el diámetro transverso máximo y los ángulos nasales.

La estatura promedio en varones era de 159,7±3,1 cm y para las mujeres de 152,7±3,6 cm (Alvarez, 1999). Los cronistas señalaban que eran los más serranillos y pequeños de cuerpo que los demás pobladores del Nuevo Reino de Granada (Rodríguez, 1999:53). No obstante, el individuo masculino Tun.Lab.Ez2, de 25-30 años de edad, medía aproximadamente 177 cm de altu­ ra. El índice braquial (radio/húmero) es de 78,8 en varones y 75,2 en mujeres, proporción entre el antebrazo y el brazo cercana al promedio indígena. El índi­ ce crural (tibia/fémur) es de 83,2 y 83,3 en varones y mujeres respectivamente, denotando una pierna relativamente corta con relación al muslo. Por el índice intermembral (húmero/fémur) los índices son, respectivamente, 70.3 y 71.1. CRANEOMETRIA DE LA POBLACIÓN PREHISPÁNICA DE LOS ANDES ORIENTALES DE COLOMBIA 273

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Foto 8. Tunja la Fuente F-l Foto 6. Soacha T-lí

Foto 7. Gachalá 458-13 Foto 9. Sativa 4300105E

CRANEOMETRIA DE LA POBLACIÓN PREHISPÁNICA DE LOS ANDES ORIENTALES DE COLOMBIA 275

Su cuerpo era bajito de estatura, de tronco largo, piernas cortas y porciones distales de los miembros relativamente cortas. c) Población de Sogamoso, Boyacá Integrada en su totalidad por la colección Eliécer Silva Celis del Museo Arqueológico de Sogamoso, proveniente mayoritariamente de las excavaciones realizadas alrededor del Templo del Sol, vereda Monquirá, Sogamoso, además de Sativa (Foto No. 9), Socotá, Belén, Departamento de Boyacá. Su bóveda craneal es corta en sentido antero posterior, ancha, de altura media. La frente es de anchura media, muy poco prominente, con arcos superciliares mediana­ mente desarrollados. Las órbitas son angostas, de altura media. Los huesos nasales son poco prominentes en su punta aunque en ia raíz poseen valores medios; la apertura periforme es de anchura media, de altura reducida. El ros­ tro en general es ancho, bajo, aplanado en su porción frontomalar, de perfilación media en maxilares. La mandíbula es ancha en el plano condilar, de valor me­ dio en el bigoniaco. La rama ascendente es ancha, de altura media y ángulo cerrado; el cuerpo mandibular es de grosor medio.

Este grupo observa varianzas muy amplias en los rasgos relacionados con la bóveda craneal, especialmente en la fracción subtensa nasion, fracción sublambda, diámetros antero posterior, cuerdas parietal, diámetro transverso, altura basibregmática; quizás como consecuencia del aplanamiento occipital. En la mandíbula resalta la amplia variación de la altura y el ángulo de la rama ascendente, las anchuras bicondilar, bigoniaca y la longitud del cuerpo. El gru­ po femenino es más variable que el masculino en cuanto los diámetros antero posterior, anchuras frontales, biastérica, ángulos nasofacial y nasomalar y an­ chura maxiloalveolar. El masculino, a su vez, en cuanto a las dimensiones mandibulares, longitud y radio al prosthion.

De esta población resalta la muestra de Sativa por su deformación fronto- occipital paralela (Foto No. 9) (15.5%), que afecta solamente a los individuos masculinos, reflejando posiblemente una diferenciación social y sexual, o sim­ plemente está relacionado con problemas de muestreo. Por otra parte, el estu­ dio de ADN mitocondrial de una momia de Socotá demostró haplotipo B (Fernández, 1999). d) Población de la Mesa de los Santos, Santander Procedente primordialmente de la Mesa de los Santos (Cueva de los Indios, la Purnia), incluye algunos ejemplares de Zapatoca, Santander, de posible filia­ ción Guane. En general, la bóveda craneal es muy corta en sentido antero pos- 276 LOS CHIBCHAS terior, ancha y muy baja, encajando en la categoría de las más bajas en el ámbito mundial. El frontal es angosto, muy inclinado, con arcos superciliares muy poco prominentes. Lo mismo se observa en las apófisis mastoides. Las órbitas son angostas pero altas. Los huesos nasales se pronuncian mediana­ mente y son angostos en su raíz; la apertura periforme es angosta, de altura media. El rostro es de anchura, altura y perfilación media a nivel frontomalar; perfilado en el plano cigomaxilar. La mandíbula es pequeña y grácil. Este gru­ po es globalmente grácil, manifestando poco dimorfismo sexual tanto morfológica como métricamente. En los estudios de ADN mitocondrial se ha localizado haplotipo B (Fernández, 1999).

Predomina la deformación fronto-occipital paralela, particularmente masculina (43.8% contra 26.3% en femeninos) y la pseudocircular (Tabla No. 2), especialmente en individuos femeninos (21% contra 12.5%). Mien­ tras que los ejemplares encontrados en los osarios 1 y 2 de la vereda La Purnia (Foto No. 10), municipio de Los Santos no presentan deformación cefálica, las momias de la Cueva de los Indios (Foto No. 11) y otros crá­ neos expuestos en la Casa de Bolívar de la Academia de Historia de Santander y en el Museo Horacio Rodríguez Plata de Socorro, resaltan por su deformación fronto-occipital oblicua y pseudocircular producida quizá por bandas deformatorias. La estatura reconstruida señala 163 cm para los hombres y 151 cm para las mujeres. Por lo visto eran los más altos y de piel más clara entre los chibchas, tal como lo señalaron los cronistas (Rodríguez, 1999:53). e) Población del Cocuy, Boyacá Compuesta por ejemplares procedentes básicamente de Cocubal, Jericó, Boyacá (Foto No. 12), excavados por el arqueólogo Pablo Pérez (1997); y Chiscas, excavados en los años 40 por Eliécer Silva C. (1944, 1945), y de posible filiación Lache. Su bóveda craneal es de longitud, anchura y altura media. Frente de anchura media, poco prominente, arcos superciliares poco desarrollados. Las órbitas son de anchura media, de corta altura. La nariz es muy poco prominente, de anchura media, muy corta de altura. El rostro es ancho, bajo, aplanado a nivel frontomalar, de valor medio en el cigomaxilar. La mandíbula es de anchura media en la porción bicondilar, angosta a nivel goniaco. El cuerpo mandibular es muy bajo y muy delgado; la rama es baja, muy ancha, de ángulo cerrado. La deformación craneal que predomina es la occipital vertical, con prevalencia en individuos femeninos (37.5%) en compa­ ración con los masculinos (22.2%). Exceptuando la altura basibregmática, el ángulo simótico, la altura nasoalveolar y las dimensiones de la apófisis mastoides, el grupo femenino es más variable. CRANEOMETRIA DE LA POBLACIÓN PREHISPÁNICA DE LOS ANDES ORIENTALES DE COLOMBIA 277

Foto 10. La Purnia 014 Foto 11. Los Santos HG-13

Foto 12. Jericó J-31 Foto 13. Agua de Dios 09

La mayoría de cráneos son robustos, masivos y pesados. Arcos superciliares desarrollados y en general de fuertes inserciones musculares (Foto No. 12). El análisis genético de una muestra de Jericó, Boyacá evidenció haplotipo mitocondrial C; de una momia proveniente del Llano del Tabaco, Chiscas, haplotipo D; de otra momia de cercanías de los llanos haplotipo B (Fernández, 1999). f) Población de Silos, Norte de Santander Integrado por ejemplares procedentes exclusivamente de Silos, Norte de Santander, excavados en los años 40 por Eliécer Silva C. De bóveda craneal corta, anchura y altura medias. Frente de anchura media, muy poco prominen- 278 LOS CHIBCHAS te, con arcos superciliares desarrollados. Las órbitas son de altura y anchura medias. La nariz es prominente, angosta y baja. El rostro es ancho, de altura media, aplanado en la región frontomalar, perfilado en el cigomaxilar. El grupo masculino es más variable que el femenino, aunque hay que tener en cuenta que este último se compone solamente de tres individuos. Predomina el apla­ namiento occipital vertical en mujeres (66.7% contra 50% en masculinos); la deformación fronto-occipital convergente está presente solamente en masculi­ nos (25%). También se presenta la variante fronto-occipital paralela. Este gru­ po es el menos representado en el registro óseo, aunque existe un material excavado en Mutiscua y Bucaramanga excavado por el arqueólogo Leonardo Moreno para un próximo estudio.

4.3 Análisis intergrupal Comparando todos los grupos chibchas, a grandes rasgos el grupo de Bogo­ tá es el más mongoloide, con mayor anchura bicigomática y mayor aplana­ miento frontomalar y anchura transversa; además es el más heterogéneo como se refleja en los coeficientes de variación. Quizás esto obedezca al hecho de que la extensión territorial de los muiscas de Bogotá cubría vastas regiones ocupadas por grupos muy heterogéneos por los diversos contactos étnicos, como Pasca y Tibacuy al sur y Guatavita al oriente. Su morfología es muy similar a la de los muiscas de Sogamoso y al grupo de Silos, Santander, con los cuales se integran en todos los conglomerados jerárquicos. De sus vecinos del occidente del Departamento de Cundinamarca, los panches, se diferencian ampliamente por cuanto estos últimos poseen frente y rostro más anchos, nariz más promi­ nente, y ante todo, por el tipo de deformación craneal y su gran robustez (Foto No. 13).

Llama la atención el hecho que la población prehispánica del Valle del Cauca (Foto No. 14), a pesar de su distanciamiento y la existencia de barreras geográ­ ficas que impedían el intercambio genético, observan un patrón morfométrico muy similar al de los muiscas de Bogotá y Sogamoso y al de Silos. Esta conver­ gencia fenética no se puede explicar por similitud adaptativa pues el ambiente andino es diferente al del valle interandino del río Cauca, sino por compartir algún tronco ancestral común.

Las diferencias con la población prehispánica de la Guajira -que según al­ gunos autores podría ser la región ancestral de los chibchas de los Andes Orien­ tales-, son mayores, hasta el punto que no comparten rasgos similares. El grupo de la Guajira resalta por su mayor prognatismo, nariz más ancha y deprimida, dientes más grandes, rostro más angosto y. ante todo, por poseer la bóveda craneal inclinada, ancha y corta (Foto No. 15). CRANEOMETRÍA DE LA POBLACIÓN PREHISPÁNICA DE LOS ANDES ORIENTALES DE COLOMBIA 279

La serie de Tunja posee el rostro y frente más angosta; bóveda craneal más alta, mayor incidencia de deformación fronto-occipital convergente. Comparte varios rasgos comunes con las poblaciones de la Sierra Nevada del Cocuy (Lache), y también con la de la Mesa de los Santos (Guane). Presenta varios rasgos faciales similares a la población costera de Perú (Chicama), el precerámico de Cuba (Siboney) y el paleoamericano de Brasil (PILL).

El grupo Guane es el más caucasoide, con nariz más angosta y prominente, rostro más perfilado, órbitas más altas, rostro más angosto y alto, bóveda craneal muy baja. Por estos últimos rasgos se asemeja a la población andina tipo altiplano Nariñense (Foto No. 16). Su patrón morfológico es muy similar al altiplánido del Perú (Paucarcancha, San Damián) y arcaico andino de Chile (ARHL).

Globalmente, comparados con los paleoamericanos, los grupos chibchas de los Andes Orientales manifiestan un marcado proceso de braquicefalización, redondeamiento de la cabeza, acompañado de un ensanchamiento de la frente, rostro, porción maxiloalveolar y mandibular, y a su vez, de un ligero aplana-

foto 14. Guabas 06 Foto 16. Tajumbina, Nariño 280 LOS CHIBCHAS miento facial - por asociación de los segmentos transversos-. Por otro lado, se aprecia un proceso de maturización del neurocráneo, a juzgar por las dimen­ siones de la proyección glabelar, occipital y apófisis mastoides. Paralelamente se evidencia un proceso de gracilización de la mandíbula, reflejado en la re­ ducción de la anchura mínima de la rama ascendente. Finalmente, en lo refe­ rente a la estatura, se puede señalar que hubo un ligero incremento en la población masculina, especialmente guane, que es un poco más alta que la paleoamericana, pero las mujeres muiscas son más bajas, aunque hay que aco­ tar que la muestra precerámica es muy reducida.

La braquicefalización se ha relacionado con diferentes fenómenos, tales como el pedomorfismo, la hibridación poblacional, el balance del neurocráneo, la encefalización, el incremento de la estatura, la heterosis, la deprivación ali­ menticia, las incursiones nómadas, el abandono de la cuna y factores climáti­ cos, la reducción de la presión de los músculos masticatorios -especialmente del temporal- como consecuencia del mejoramiento en el procesamiento de los alimentos (Beals et al., 1983; Hanihara, 1994). No se pueden aducir factores climáticos por cuanto los pobladores de los valles interandinos como de las tierras altas andinas sufrieron igualmente un incremento de los segmentos transversos. Tampoco la estatura pues los grupos femeninos que no incrementaron la estatura también se vieron afectados por la braquicefalización. Se descarta el pedomorfismo porque se aprecia maturización en algunos ras­ gos craneales. La hibridación poblacional no parece ser un factor importante por cuanto la población guane que destaca por ser la más aislada, es braquicéfala al igual que los más variables muiscas de Bogotá. Desde el punto de vista nutricional en todas las poblaciones se aprecia un cambio en los hábitos ali­ menticios hacia el I milenio a.C, expresado en un incremento en el consumo de vegetales, y a su vez, mayor índice de caries, y un mejoramiento en las técnicas de procesamiento de los productos -menor índice de desgaste den­ tal-, propiciando la gracilización mandibular. Es probable, entonces, que los cambios dietéticos generados por el desarrollo agrícola y de procesamiento de los alimentos hubiesen propiciado la selección de las mutaciones causantes de la gracilización del aparato masticatorio, y, por ende, de la braquicefalización (Hanihara, 1994; Lahr, 1995).

4.3.1. Análisis de conglomerados jerárquico Con el propósito de reconstruir los orígenes de las poblaciones prehispánicas de los Andes Orientales, los grupos precerámicos y chibchas se compararon con poblaciones vecinas de América, Asia y Oceanía (Fig. No. 1, 2, 3, 4, 5). Dado que los orígenes de la población prehispánica de Colombia está íntima- CRANEOMETRIA DE LA POBLACIÓN PREHISPÁNICA DE LOS ANDES ORIENTALES DE COLOMBIA 28 1 mente relacionado con la problemática del poblamiento temprano de América y su procedencia a partir del noreste de Asia, se compararon diferentes series de Siberia -donde posiblemente se encuentran sus raíces-, Polinesia, Melanesia y Australia. Estas últimas se traen a colación con el propósito de verificar la hipótesis de una cuarta oleada migratoria temprana de origen australoide, a juzgar por el supuesto parecido con los paleoamericanos suramericanos (PIHL y PILL) (Neves et al, 1995).

Siguiendo la propuesta de Turner (1984) para el análisis dental, se ubicó una muestra antigua que representara la raíz, es decir el ancestro de todas las poblaciones vecinas del nordeste asiático, Australia, Polinesia y América; a partir de la cual se produciría el proceso de divergencia. Esta corresponde a los ejemplares 01, 02 y 03 de la Cueva Superior de Zhoukoudian, China, ubi­ cados cronológicamente en el Paleolítico Superior (circa 24-29.000 años). Tam­ bién se incluyeron muestras antiguas del Neolítico y Bronce siberiano para contrastar las tendencias evolutivas de las poblaciones de esa región, cuya ubicación etnogenética se discute entre la existencia de una población protomongoloide o la hibridación con poblaciones caucasoides (Mamonova, 1980a,b; Dremov, 1980; Rykushina, 1980). Los grupos de Siberia Occidental (Janti Ket, Beltir), que se caracterizan por su morfología caucasoide no muy especializada, se incluyeron por cuanto sus orígenes han desatado, igualmen­ te, una interesante controversia entre los partidarios de su mestizaje entre mongoloide y caucasoide y los de la hipótesis protomorfa, al igual que para la problemática americana (Alexeev, Gochman, 1984; Kozintsev, 1999).

Otros criterios de inclusión vincularon el tamaño de las muestras, la existen­ cia de varios rasgos craneométricos, entre ellos los representantes del grado de aplanamiento facial y nasal; además de la cercanía geográfica con el fin de cubrir una vasta área desde Siberia hasta Tierra de Fuego en Sudamérica. De las muestras comparativas que no poseían información para algunas variables se incluyó el promedio interpoblacional por sexos; allí donde se presentaba la anchura orbital desde el punto dakryon, se convirtió al punto maxillofrontal mediante el respectivo coeficiente; lo mismo se aplicó a la conversión de la altura facial superior de prosthion a alveolare, siguiendo la técnica alemana de R. Martin.

El estudio intergrupal se llevó a cabo mediante el análisis de conglomerados jerárquico, clasificando los grupos en un conjunto de datos, basándose en el principio de que los miembros de un grupo han de ser más similares entre sí que los no miembros; la similitud intragrupal es mayor que la intergrupal y los conglomerados suelen mostrar cohesión interna y aislamiento externo (Shennan, 1992). La distancia aplicada fue la euclídea al cuadrado (dij), definida como la 282 LOS CHIBCHAS distancia entre dos puntos i y j, medidos en cantidades p de variables: dij = [(xi - xj)2 + (yi - yj)2]. La matriz de distancias se construyó mediante el método de Ward, en donde los conglomerados han de ser lo más homogéneos posible, y las desviaciones no son más que las distancias de todos los puntos a las medias de los conglomerados a los que pertenecen (Shennan, op. cit.:220). Para evitar los riesgos de las diferencias de las escalas de los ejes, se estandarizaron las escalas de las medidas mediante puntuaciones estándar, con lo que todas las variables tendrán igual importancia. Las comparaciones se efectuaron por sexos, masculino y femenino por separado. Las variables que se seleccionaron fue­ ron: GOL, XCB, BNL, BBH, MFB, BPL, ZYB, NAH, OMF, OBH, NLB, NLH, NFA, SSA, NMA y SIA (Tablas No, 6, 7), que dan cuenta de la variación de la bóveda craneal, esqueleto facial, órbitas, apertura periforme y aplanamiento facial y nasal, respectivamente, además por cuanto figuran en las publicacio­ nes craneométricas de donde provienen las muestras comparativas siberianas y de Norteamérica (perfilación facial y nasal). Dado que la deformación craneal afecta significativamente las dimensiones del neurocráneo, se efectuó una se­ gunda comparación sin las variables GOL, XCB y BBH. Las operaciones se procesaron mediante el programa estadístico SPSS versión 7.5.

La comparación de los grupos sudamericanos con otras poblaciones de Amé­ rica, Asia, Polinesia y Australo-Melanesia evidencia la conformación de dos grandes conglomerados con 8 enjambres (Fig. 2).

I. Conglomerado Australo-Melanesia-Nordeste-Centro-Sudamérica. Es el más variable y el que incluye las poblaciones más antiguas de América con 5 enjambres.

1. Australo-Melanesia, cercano a los arcaicos y poblaciones de bosque seco tropical . 2. Arcaico, que incluye las muestras antiguas de México (Coahuila), Estados Unidos (Indian Knoll, Shell Mound), Colombia (PIHL), Chile y Brasil (ARLL, HOHL, HOLL) y la contemporánea EGCB (Botocudo). A juzgar por la morfología craneal y facial de los botocudos similar a la de los arcaicos y paleoamericanos, y por las condiciones de las zonas selváticas del Brasil en que habitan, estos grupos pueden constituir relictos aislados de las primeras migraciones.

3. Bosque seco (Orinoco), en realidad comprende las poblaciones de las sabanas semidesérticas venezolanas (Cerro de Luna, La Pica, Guajira), serra­ nía de Perijá (Motilón), las desérticas de Chile (Atacama), sudoeste norteame­ ricano (Oíd Zuñi, Pueblo) y las caribeñas (Taino, Surinam, Agua de Dios).

4, Bosque montano (Andes), incluye los chibchas colombianos de la cordi­ llera Oriental (Muiscas de Bogotá, Sogamoso, Silos, Cocuy, Los Santos, Herrera), CRANEOMETRIA DE LA POBLACIÓN PREHISPÁNICA DE LOS ANDES ORIENTALES DE COLOMBIA 283

Nariño, Valle del Cauca y Alto Magdalena (Huila), Perú (Paucarcancha, San Damián, Chicama). Llama la atención la inclusión de Valle y Huila en el con­ glomerado andino pues se discute si sus orígenes son amazónicos o de valles interandinos. Aunque las muestras son pequeñas señalan una posible filiación andina, o que comparten un tronco ancestral común con los andinos septen­ trionales.

5. Bosque templado (Nordeste de América), que vincula las poblaciones norteamericanas de Arikara, Cheyenne, Sioux, Cañaveral. Son los más caucasoides de todos los indígenas del Nuevo Mundo.

II. Conglomerado Estepa-Taiga-Tundra (Siberia, Gran Costa Noroeste Pací­ fica, Patagonia). Grupo único que vincula las poblaciones de Siberia Occiden­ tal (Janti, Ket, Beltir), Oriental (Chukchi, Esquimal, Ulchi, Bunat, Yakut), Neolítico del Baikal (Serov, Baikal), Gran Costa Noroeste Pacífica (Aleut, Haida, Tlingit, Atapasco) y Patagonia (Fueguino, Paraná). Por su gran afinidad y cer­ canía geográfica se puede colegir que pertenecen a la última corriente migratoria.

Partiendo de la gran diversidad del primer conglomerado -que quizás puede estar influenciada por el hecho de poseer la mayor cantidad de mues­ tras-, por contener los grupos más antiguos de Norte-Centro-Sudamérica, y por incluir algunos posibles relictos aislados de las poblaciones ancestrales (botocudos o EGCB de la Amazonia) se le puede considerar el más antiguo de América. Por consiguiente, correspondería a la primera oleada migratoria que se originó en un momento muy antiguo, anterior a la formación del pa­ trón mongoloide (Zhoukoudian está fechado en circa 24-29.000 años), y com­ partiría un tronco ancestral común con poblaciones oceánicas (australo-melanesios, polinesios).

Como se puede apreciar, la distribución de la variación craneométrica ame­ ricana obedece básicamente a factores espaciales, temporales y procesos bio­ lógicos, en donde la afinidad adaptativa y la proximidad temporal explicaría la cercanía estadística en los dendrogramas de correlaciones jerárquicas. En pri­ mer lugar, resalta un conjunto de poblaciones por su aspecto australoide, que sería el más antiguo y se encuentra en los grupos arcaicos, las comunidades adaptadas al bosque seco tropical como las sabanas del Orinoco, y en botocudos de la Amazonia brasileña. En segundo lugar, están las poblaciones de marcado aspecto mongoloide, afines a sus vecinos asiáticos, y que serían los más tar­ díos. En tercer lugar, existen poblaciones de aspecto caucasoide como las del nordeste americano y Mesa de Los Santos (Colombia), cuyo origen puede de­ berse a hibridación mongoloide-caucasoide, a un ancestro con morfología ge­ neralizada, a sucesos estocásticos en poblaciones pequeñas aisladas en ambientes geográficos definidos, o a todos los anteriores. 284 LOS CHIBCHAS

4.3.1.1. Espacio Como espacio nos referimos no solamente a la proximidad geográfica sino también al aspecto ambiental y a los procesos adaptativos que sufrieron las poblaciones al ocupar distintos ecosistemas. Por ejemplo, la diferenciación morfológica entre negritos y aborígenes australianos del este asiático, se ha interpretado como respuesta a factores climáticos, subrayándose el papel de la adaptación ambiental local en la diferenciación de las dimensiones craneométricas (Guglielmino-Matessi et al., 1979; Howells, 1989; Hanihara, 1993, 1994, 1996). Así, la morfología de los negritos de Filipinas corresponde­ ría a la adaptación al bosque húmedo tropical, reteniendo algunos rasgos arcai­ cos mediante un proceso microevolutivo y no de hibridación.

Del presente análisis craneométrico se establecen conglomerados que se agrupan por ambientes similares, sin importar su procedencia geográfica. Po­ blaciones de ambientes desérticos de Estados Unidos (Oíd Zuñi, Santa Cruz) y Venezuela (Guajira, Cerro de Luna, La Pica) se enlazan en un enjambre con sureñas de Chile (Atacama). Igualmente, la similitud de fueguinos y poblacio­ nes del noroeste norteamericano se explicaría por su adaptación a ambientes circunárticos y no por migraciones aisladas.

Para aclarar esta situación se ubicaron los grupos de acuerdo a su pertenen­ cia ambiental: 1. Vegetación desértica, 2. Bosque seco tropical, 3. Bosque hú­ medo tropical, 4. Bosque montano, 5. Bosque templado, 6. Estepa, 7. Taiga, 8. Tundra. Se aplicó un análisis discriminante (Tabla No. 18) y se construyó un mapa territorial (Figura No. 6) con las dos funciones de discriminante canóni­ co. Las variables ángulo cigomaxilar (.725*), altura nasoalveolar (.658*), altu­ ra orbitaria (.365*), anchura bicigomática (.300*), ángulo nasofacial (-.197*), para la primera función que da cuenta del 85.8% de la varianza; altura nasal (.734*), ángulo nasomalar (-.396*), ángulo simótico (-.353*), para la segunda función, son las que observan mayor correlación absoluta entre cada variable y cualquier función discriminante (Tabla No. 3). Las poblaciones de ambiente desértico se aproximan más a las de bosque montano y bosque seco tropical; las de bosque húmedo a las de las estepas; las de la tundra a las de las estepas, en el primer paso; en el cuarto paso se aproximan las de la taiga, estepa y tundra (Figura No. 6). Es decir, que la variación craneométrica es útil para explicar adaptaciones medioambientales, ya que algunas generalidades en la distribución de los enjambres podrían dar cuenta de estos fenómenos.

En fenética (morfología) la existencia de rasgos similares puede correspon­ der a analogía, es decir, a respuestas adaptativas similares, convergentes, apro­ vechando la plasticidad fenotípica del organismo humano. La mayoría de organismos son ectotérmicos, es decir, que la temperatura corporal está deter- CRANEOMETRÍ A DE LA POBLACIÓN PREHISPÁNICA DE LOS ANDES ORIENTALES DE COLOMBIA 285 minada por la temperatura de su ambiente. Las variaciones en este último pro­ ducen a su vez reajustes en la curva térmica óptima del organismo, favorecien­ do la adaptación fisiológica (Freeman, Herrón, 1998:270, 306). En algunas especies, individuos genéticamente idénticos que habitan ambientes diferentes pueden tener distinto fenotipo, fenómeno conocido como plasticidad fenotípica. Por otro lado, dos poblaciones separadas geográficamente pueden desarrollar características análogas si habitan ecosistemas similares, y si los ocupan el tiem­ po suficiente para generar aclimatación.

De esta manera, el ambiente circunártico pudo haber generado un rostro bastante aplanado, pliegue parpebral y epicántico; además de un esqueleto postcraneal masivo, mineralizado, con amplio canal medular y tejido compac­ to delgado; además de tronco largo y extremidades cortas (Alexeeva, Kovalenko, 1980), como se manifiesta en las poblaciones siberianas, de la región de Beringia, de la Gran Costa Noroeste Pacífica y de la Tierra del Fuego. Con estas características pueden soportar la deficiencia de oxígeno en el cuerpo y proteger su rostro de las ventiscas de nieve. El ambiente andino configuró un rostro de parámetros medios, con nariz pronunciada, tronco ancho y alto, pier­ nas cortas, adaptado a la hipoxia de altura (Vellard, 1977). El ambiente desér­ tico produjo una nariz más ancha y aplanada, pliegue parpebral superior, bóveda craneal baja y prognatismo facial (Glanville, 1977). El carácter adaptativo de las poblaciones de aspecto caucasoide de las praderas norteame­ ricanas y de la mesa de los Santos aún no tiene explicación.

La persistencia desde el Arcaico (circa 3000 a.C.) de morfología adaptada al ambiente andino, podría señalar que una vez conocido el entorno de plan­ tas y animales locales que servían de base para la alimentación de las comu­ nidades de cazadoras recolectoras, mediante un proceso de domesticación dieron origen a los primeros agroalfareros, y, posteriormente, a las socieda­ des más desarrolladas de Sudamérica. Como se sabe, los Andes Centrales y Septentrionales son considerados centros primarios de domesticación de plan­ tas (raíces, tubérculos, rizomas, cereales, leguminosas, frutas) y animales (lla­ ma, alpaca, curí).

En lo concerniente a los Andes Orientales de Colombia podemos establecer que la variación morfológica configura dos grandes conjuntos, uno distribuido en sentido noroeste (Los Santos, Tunja) y otro sureste (Sogamoso, Bogotá), divididos a grandes trazos por las cuencas hidrográficas de los ríos Sogamoso- Chicamocha y el río Bogotá. Esta dicotomía podría señalar que la región fue poblada por varias oleadas de cazadores recolectores que se remontaron desde el valle del río Magdalena por el Sogamoso al norte y el Bogotá al sur. Estos grupos se habrían integrado posteriormente desde el Arcaico, a juzgar por la afinidad de rasgos morfológicos entre Aguazuque, y en menor medida 286 LOS CHIBCHAS

Tequendama con los chibchas (Figura No. 5), adaptándose al entorno andino y dando lugar a las poblaciones agroalfareras mediante un proceso de reestruc­ turación endógeno, domesticando plantas y animales locales (Rodríguez, 1999) sin afluencia tardía de grupos arawak o caribes como han planteado algunos autores, pues estos últimos están muy distanciados en los dendrogramas (Langebaek, 1987; Lleras, 1995).

4.3.1.2. Tiempo En el ámbito temporal, la similitud entre las poblaciones antiguas (paleoa- siáticas, paleoamericanos, arcaicos, horticultores) podría señalar la continui­ dad durante varios miles de años de la morfología ancestral, que participó igualmente en la definición de la estructura facial de sus descendientes agroalfa­ reros; inclusive se pudieron retener en poblaciones aisladas como las de Cuba (Siboney) y los botocudos del Brasil. Mientras que los rasgos faciales son más conservadores, los del neurocráneo se modifican con ritmo más dinámico por los procesos de braquicefalización y gracilización.

4.3.1.3. Procesos biológicos El efecto inicial del cuello de botella originado por la reducción de la pobla­ ción que traspasó la región de Beringia, y el subsecuente efecto de fundadores redujo a su vez la variabilidad de las poblaciones antiguas, en este caso los centro sudamericanos; conduciendo a la fijación de rasgos predominantes, ta­ les como el haplogrupo mitocondrial B, el grupo sanguíneo 0+, los incisivos en pala, la baja estatura (aproximadamente 159 cm para hombres, 148 cm para mujeres), el color oscuro de la piel, el cabello lacio, la ausencia de calvicie y canicie, entre otros.

Algunas poblaciones de tamaño reducido, aisladas en entornos geográficos particulares como la selva húmeda tropical (botocudos del Brasil, motilones de la serranía de Perijá de Colombia y Venezuela) retuvieron rasgos arcaicos, al igual que se señala para los negritos del sureste asiático (Hanihara, 1993, 1994, 1996). Otros como los guanes de la Mesa de Los Santos desarrollaron rasgos caucasoides convergentes con los del NE de Norteamérica, evidente en la com­ paración de los grupos femeninos (Figura No. 4).

En este sentido tanto la analogía desarrollada por la convergencia adaptati­ va como la homología, producto de la conjunción de ancestros comunes, pue­ den dar cuenta de la similitud fenética encontrada en la variación craneométrica. A juzgar por esta última podríamos aproximarnos a la problemática de los orí­ genes de la variabilidad americana. CRANEOMETRIA DE LA POBLACIÓN PREHISPÁNICA DE LOS ANDES ORIENTALES DE COLOMBIA 287

En primer lugar, cabe pensar que el poblamiento americano es muy antiguo, con un tiempo suficiente para generar variadas respuestas adaptativas según el entorno ocupado (circunártico, montañas, desierto). En segundo lugar, a juz­ gar por la morfología facial paleoamericana, no especializada y similar a la población paleoasiática cercana al lago Baikal (Pribaikal en la terminología rusa) y al grupo Ainu, cuya caracterización morfológica ha oscilado entre el mestizaje (mongoloide y caucasoide) y la mesomorfia, la discusión se aplicaría también a la caracterización paleoamericana. Alexeev y Gochman (1984:33) apoyan la primera hipótesis sustentada en tres aspectos: 1. La distribución geo­ gráfica del componente caucasoide, pues disminuye al occidente y el sur de la región Pribaikal; 2. La correlación de los rasgos morfológicos es similar con la de los grupos mestizos de los Urales; 3. La diferencia entre los grupos por los rasgos que diferencian a mongoloides y caucasoides supera a los de una pobla­ ción homogénea. En general, el componente mongoloide en los pueblos actua­ les de Siberia se debilita al occidente y parcialmente al sur de esa región. Por su lado, Kozintsev y colaboradores (1999:202) sostienen a partir de la evidencia craneal, que tanto los pueblos neolíticos de Okunev y Sopka, al igual que los amerindios absorbieron una considerable mezcla caucasoide; el análisis de la heterogeneidad intragrupal de la población de Okunev (II milenio a.C.) apoya la idea de una incipiente hibridación. Si la morfología de la población ancestral proviniese de la hibridación entre mongoloides y caucasoides, debería poseer un sistema dental atípico como se espera en grupos mestizos, entre ellos baja frecuencia de incisivos en pala. No obstante, la principal característica del sistema dental americanoide es, preci­ samente, su elevada frecuencia de la forma lingual en pala (Turner, 1984), a no ser que se hubiera fijado por efectos de deriva genética en los fundadores paleoamericanos. Por otro lado, la morfología facial debería ser más caucasoide, con menor aplanamiento nasomalar y mayor proyección nasal, rasgos que no se observan en los paleoamericanos, a no ser que el componente caucasoide fuese muy incipiente. Al contrario, se caracterizan por cierta morfología pseudoaustraloide -en términos de Hooton- incipiente tipo Ainu dei norte del Japón o tipo botocudo del Brasil. Finalmente, el uso de la variación craneométrica para medir el grado de heterogeneidad y las tendencias de la misma en muestras tan pequeñas que no sobrepasan los 20 individuos no brin­ da resultados confiables.

Por su parte, la tesis protomorfa se apoya en el aspecto mesomorfo de los paleoamericanos, con predominancia de rasgos mongoloides en el sistema den­ tal (su alta frecuencia de incisivos en pala) y facial (aplanamiento facial y na­ sal), y una relativa homogeneidad intragrupal (ver tablas No. 6, 7). Una posición similar se ha asumido para la interpretación de la morfología de la población 288 LOS CHIBCHAS del sureste asiático, considerada protosundadonte para los aborígenes austra­ lianos, protomalaya o protoasiática para los del sureste (Hanihara, 1993). La región Bribaikal sería la cuna de la población mesomorfa que dio origen a los paleoamericanos, cuyo desplazamiento hacia el nordeste asiático daría lugar a la morfología adaptada a ambientes circunárticos. El grupo Serov procedente del alto río Lena es el más parecido, mostrando quizás la ruta de los primeros pobladores que pudieron aprovechar el curso del río para adentrarse a Siberia Oriental hasta alcanzar las costas nororientales de Asia (Kamchatka y Beringia) en el Paleolítico Superior.

En tercer lugar, a juzgar por los conglomerados jerárquicos, la variación amerindia surgió inicialmente desde el nordeste asiático a partir de varias olea­ das migratorias, en donde la más antigua pobló la región centro-suramericana y la más reciente la norteamericana. La primera compartiría unos ancestros con los australo-melanesios, pero, especialmente, con la población neolítica del Pribaikal. La radiación adaptativa y el proceso de adaptación produjo, en el transcurso de varios milenios, la fijación de rasgos adecuados a la superviven­ cia de los grupos. En algunos fueron de aspecto mongoloide, en otros australoide y caucasoide

La comparación de los grupos femeninos es menos informativa por cuanto no todas las publicaciones las incluyen, o en caso positivo son muy reducidas. Ade­ más, los resultados de su comparación son más difíciles de interpretar, pues no manifiestan tendencias muy claras. No obstante, se observan algunas regularida­ des. Por ejemplo, los grupos andinos de Colombia (Muisca, Cocuy, Silos) se aproxi­ man a los paleoamericanos, arcaicos, horticultores y andinos de Sudamérica.

5. Discusión A la luz de los datos presentados en este reporte, contrariamente a lo suge­ rido por Powell y Neves (1999) se plantea que los paleoamericanos sí son ancestros de los centro sudamericanos, presentan continuidad en los arcaicos y grupos horticultores, e inclusive sus rasgos se han retenido en algunas pobla­ ciones aisladas de las selvas húmedas tropicales del Brasil. La afinidad con australomelanesios es significativa pero es aún mayor con el grupo neolítico Serov de la región Baikal. La estructuración poblacional en el Nuevo Mundo sí jugó un papel trascendental en el modelado de la variación amerindia, pues la adaptación a diferentes ecosistemas desarrolló rasgos útiles para su supervi­ vencia, fijándose durante generaciones hasta el momento actual. En lo que sí coincide este reporte es que los rasgos típicos mongoloides son más tardíos, ya sea por adaptación, migración o ambos fenómenos como sería el caso de los pobladores del noroeste norteamericano y Patagonia. CRANEOMETRIA DE LA POBLACIÓN PREHISPÁNICA DE LOS A.NDES ORIENTALES DE COLOMBIA 289

Con el propósito de contrastar la información craneométrica con la obtenida en los estudios genéticos, traeremos a colación la síntesis de investigaciones recientes. Las propiedades genéticas del DNA mitocondrial (se hereda por lí­ nea materna, posee una alta tasa de mutación) han sido, igualmente, útiles en la controversia para interpretar esta problemática. Los estudios adelantados en varias comunidades contemporáneas y antiguas señalan la existencia de cuatro haplogrupos predominantes: A, B, C, D. Su frecuencia varía ampliamente. Así, los haplogrupos A, C, D están presentes en el noroeste de Norteamérica (Na- Dene), al igual que en el nordeste de Asia (Chukchi, Esquimal). La frecuencia del haplogrupo A decrece de norte a sur y predomina en el nordeste. C y D se aprecian en Tierra del Fuego y Patagonia y se incrementa progresivamente de norte a sur. El haplogrupo D predomina en las poblaciones amazónicas. El B está ausente por encima del paralelo 55° N, tanto en América como en Asia, pero es frecuente en Centro-Sudamérica (Torroni et al. , 1992, 1993; Balliet et al. , 1994; Lorenz y Smith, 1996; Hammer, Zegura, 1996).

Estudios posteriores han complicado este cuadro, pues Bailliet et al. (1994) han señalado la existencia de más de cuatro, entre ellos el E, de muy baja frecuencia, resultante posiblemente de hibridación postconquista con europeos, aunque también se le ha encontrado en Asia, en momias prehispánicas e indígenas no mezclados. En esqueletos amazónicos del Bra­ sil el 397c de los haplotipos encontrados no corresponde a los cuatro predomi­ nantes en América (Ribeiro Dos Santos et al., 1996). Esta situación evidenciaría una gran heterogeneidad amerindia de origen no muy claro (Cann, 1994). Para Starikovskaya et al (1998) y Lalueza (1996) la heterogeneidad sería el producto de varias migraciones, en donde una colonización habría aportado los haplogrupos A, C, D; otra introduciría el B. La primera habría penetrado, a juzgar por la tasa de divergencia genética, hace aproximadamente 34.000 años y la segunda entre 16.000-13.000 años a.P. Se argumenta que la menor variabilidad en Sudamérica y la ausencia de haplogrupo B en el norte y ex­ tremo sur, evidencian que esta línea habría penetrado posteriormente. No obs­ tante, el hallazgo de este haplotipo en un individuo de Baño Nuevo, Chile, fechado en 8.000 años, y confirmado por la secuencia de la región D-loop, controvierte esa posición (Moraga et al., 1999:66). Por lo visto, todas las líneas penetraron con los primeros pobladores y dieron origen a una amplia variabilidad amerindia.

Una vez penetraron al Nuevo Mundo sufrieron el "dramático efecto funda­ dor" por el reducido número de líneas maternas, algunas de las cuales introduje­ ron tipos raros de mtDNA asiático. El descubrimiento de nuevas formas de mtDNA advierte sobre nuevas mutaciones fijadas después de la separación de los ances­ tros asiáticos (Wallace et al, 1985). Otros estudios indican que el flujo intertribal 290 LOS CHIBCHAS de líneas maternas no estuvo limitado durante ia evolución de los amerindios en el Nuevo Mundo (Valencia y Ward, 1990). Sin embargo, para Chakraborty y colaboradores (1991) los estudios anteriores no tienen en cuenta que actualmen­ te el patrón de variación del mtDNA entre las poblaciones indígenas refleja un estado de equilibrio en el balance de la correlación mutación-deriva genética. Es probable, entonces, que el poblamiento temprano de América haya acontecido en un tiempo tan remoto, lo suficiente para diluir el efecto de fundadores, tenien­ do en cuenta la alta tasa de sustitución nucleótida en el genoma del mtDNA (7xl0/sitio / año), compartida con el genoma nuclear. Estas conclusiones seña­ lan que probablemente el efecto de botella y el de fundadores se ha disipado y, por tanto, la población indígena contemporánea se encuentra en estado de equi­ librio con relación a la mutación-deriva genética.

Una hipótesis alternativa sobre la aparente reducción de la diversidad del mtDNA amerindio es que refleja el efecto de cuello de botella, no por el impac­ to de la colonización inicial de los primeros cazadores-recolectores, sino como consecuencia del colapso demográfico producido por las enfermedades traídas por los colonizadores europeos, que aniquiló casi el 95% de la población abo­ rigen (Stone, Stoneking, 1993; Ribeiro Dos Santos et al., 1996).

La distribución viral señala a Mongolia o Manchuria en el extremo sudeste de Siberia, como la posible tierra ancestral de los primeros pobladores ameri­ canos (Neel et al., 1994). También se ha planteado una migración inversa, des­ de Norteamérica hacia Asia de grupos masculinos (cromosoma Y), con el consecuente flujo genético en esta última región (Karafet et al., 1997). Por su lado, los estudios de cromosoma Y (Torroni et al., 1994; Underhill et al., 1996; Santos et a\., 1996) indican que el haplotipo 18 observa las mayores frecuen­ cias entre los nativos americanos (45,2%) y un gran efecto de fundadores, indi­ cando que los amerindios del Norte y Sudamérica se originaron de una sola migración de asiáticos del Pleistoceno, quizás hace cerca de 30.000 años a juzgar por la tasa de mutación del alelo DYSI99-T.

Finalmente, algunos estudios han hecho énfasis en el análisis de la relación entre las distancias genéticas y las geográficas y lingüísticas, aunque con re­ sultados contradictorios, pues las relaciones entre ellas varía en diferentes áreas geográficas, siendo más heterogéneas en Suramérica (Salzano, Callegari- Jacques, 1990; Barrantes, 1990; Salzano et al., 1991; O'Rourke et al., 1992, Layrisse et al., 1995). Los dendrogramas de correlaciones deducidos de pobla­ ciones indígenas colombianas muestran una mayor afinidad entre el compo­ nente genético y geográfico que entre el lingüístico y el genético (Matta, 1995).

Como se había señalado anteriormente, los estudios de ADN mitocondrial en Colombia establecen la presencia del haplotipo C en un individuo de Checua CRANEOMETRÍA DE LA POBLACIÓN PREHISPÁNICA DE LOS ANDES ORIENTALES DE COLOMBIA 29 1

(8000-5000 años a.P.); de haplotipo B en cuatro individuos de Aguazuque (5000-2700 años a.P), uno de Chucua, Duitama (circa 2000 años a.P.) y uno de Los Santos (guane); haplotipos A, C, D y B predominante, en los muiscas tardíos; C en Jericó (posiblemente lache) y en La Peña (de aspecto muiscoide pero proveniente de zona Colima) (Fernández, 1999). Aunque las muestras son muy pequeñas para llegar a conclusiones fehacientes, se puede señalar que existen todos los haplogrupos mitocondriales en las poblaciones agroalfareras, pero el B predomina por lo menos desde la época de los plantadores tempranos (Aguazuque), y se continúa en los agroalfareros.

Resumiendo el acápite de las investigaciones genéticas, podríamos señalar que se acepta una gran variabilidad biológica entre las poblaciones america­ nas, particularmente en Centro-Sudamérica, cuyo origen igualmente se discute en el marco de migraciones -antiguas o tardías- o de la estructuración poblacional. Los cálculos de divergencia apuntan a fechas muy antiguas, ubi­ cándose entre 40.000-15.000 años para los primeros americanos, cuya proce­ dencia podría ser Asia Central según la distribución viral. Se plantean varias migraciones, dos a cuatro, y se discute sobre la antigüedad del haplogrupo mitocondrial B que según algunos autores sería más reciente que los haplogrupos A, C, D (Starikovskaya et al., 1994:1487), en contradicción con recientes ha­ llazgos en la Patagonia (Moraga et al., 1999:66) y Colombia (Fernández, 1999). Se evidencia una gran afinidad entre los grupos del noroeste norteamericano (Na-Dene, Aleut, Eskimo) con los Chukchi de Siberia, producto de un ancestro común y de una diferenciación genética sustancial en el ámbito de refugios glaciares. Se señala que el efecto de deriva genética aunque impactó a los pri­ meros colonizadores, no obstante, por la antigüedad del poblamiento se estabilizó generando equilibrio.

Otro campo que ha brindado importantes datos en la controversia ameri­ cana es el de la antropología dental. Su objeto de estudio, la morfología y dimensiones de los dientes, se caracterizan por ser conservadores, estables en el tiempo; aunque presentan una gran desventaja al ser afectados por el desgaste, impidiendo la adecuada observación de algunas variantes como los incisivos en pala. El análisis de 28 rasgos dentales en más de 6000 ejempla­ res de América y más de 1100 del nordeste de Asia adelantado por C. G. Turner (1984), planteó la diferenciación de las poblaciones mongoloides en dos complejos dentales; Sinodonte, caracterizado por alta frecuencia de inci­ sivos en pala, doble pala, tubérculo dental, cresta distal accesoria en el cani­ no, parastilo, cúspide 6 (entoconúlido), cúspide 7 (metaconúlido), protostílido, primer molar inferior trirradicular; el Sundadonte, se caracteriza por la reten­ ción o simplificación, entre ellas cúspide 4 en el M2, pérdida o reducción de M3, menor incidencia de pala. Los sundadontes no tuvieron incidencia en el 292 LOS CHIBCHAS poblamiento de América, pues los Paleo-Indian son morfológicamente cerca­ nos a Ket (MMD = .062), norte-sudamericanos y alejados de los australo- melanesios (MMD=,504), aunque la muestra es muy pequeña para obtener conclusiones más precisas -hay que subrayar que la muestra Paleo-Indian es muy reducida con apenas 2-12 dientes, de procedencia básicamente norte­ americana y algunas de sus muestras son consideradas hoy día tardías como Tepexpan-. La variación americana se subdivide en tres grandes grupos, co­ rrespondientes a tres migraciones; Paleo-Indian y sus descendientes Macro- Indian, originarios de Asia Central al este del lago Baikal, hace cerca de 20.000-14.000 años, que se remontaron por la cuenca del río Lena hacia Alaska y no se desplazaron hacia el oeste pues allí ya se asentaban grupos caucasoides; Aleut-Eskimo de origen costero, continuó la ruta Pri-Okhotsk hacia Alaska entre 15.000-5.000 años; Na-Dene, de origen cercano a la gen­ te de la cultura Diuktai en la cuenca del Lena, siguió una ruta forestal, y presenta un tiempo de divergencia con los asiáticos de cerca de 8800 años. No obstante, si analizamos la figura No. 8 (Turner, Op. cit.:41), observamos que se conforman cuatro enjambres separados significativamente: Paleoindian, Centro-Sudamérica, Norteamérica (NW, NE) y Aleutiano-Esquimal.

J. F. Powell (1993) revisó el material de Turner mediante el análisis UPGM para evitar los sesgos de las MMD, llegando a la misma clasificación tripartita (Aleut-Eskimo, Greater Northwest Coast, Macro-Indian), pero resaltando que los Macro-Indian son muy distintos de los Aleut-Eskimo; estos últimos se aproxi­ man a la población del nordeste de Siberia, al igual que GNWC. La posición de los Paleo-Indian es muy divergente del resto de amerindios, por lo cual el autor sugiere que "son biológicamente diferentes de sus descendientes tardíos" (Powell, Op. cit.:814). Concluye que las migraciones sería una de las tantas fuentes de origen de la variación morfológica de las poblaciones prehistóricas y contemporáneas, y, por lo tanto, hay que incluir la posibilidad de la influen­ cia de otros factores como la selección natural, la deriva genética y los factores ambientales.

Este cuadro dental se ha complicado con los hallazgos en México (Cholula, Cuicuilco, Monte Albán, Tlatilco), que evidencian mayor consistencia con el patrón sundadonte del sureste asiático que con el sinodonte, pues poseen bajas frecuencias de incisivos en pala (35.5-68.2%). De aquí la autora deduce que los Paleoindians son diferentes de las poblaciones del noreste asiático, por lo cual "es posible que las primeras poblaciones que entraron al continente, estu­ vieran más cerca de los asiáticos surorientales que de los septentrionales en cuanto a la morfología dental, y que tales rasgos se han manifestado en los mesoamericanos prehispánicos" (Haydenblit, 1996:243). No obstante, hay que tener en cuenta que la observación de los incisivos en pala en modelos denta- CRANEOMETRIA Dh LA POBLACIÓN PREHISPÁNICA DE LOS ANDES ORIENTALES DE COLOMBIA 293

Tabla No. 4. Datos referentes a la procedencia, número de cráneos, datación y referencia bibliográfi­ ca de las series utilizadas. No. Muestra Procedencia, grupo étnico 1 Tamaño Cronología Autor 1 Muisca Bogotá Soacha, Candelaria, Delicias, 1 74M.73F ss VlII-x d.C. Rodríguez, 2001 C/marca 2 Muisca Tunja Tunja, Colombia 47M.28F ss X-XII1 d.C. Rodríguez. 2001 3 Muisca Sogamoso, Colombia 45M, 13F ssII-XIVd.C. Rodríguez, 2001 Sogamoso 4 Los Santos Mesa de los Santos, Santander 29M.19F ss XI-XIII d.C. Rodríguez. 2001 (Guane) 5 Cocuy Cocuy, Boyacá (Lache) 7M.5F Tardío Rodríguez. 2001 6 Silos Silos. Santander (Chitarero) 8M. 3F Tardío Rodríguez. 2001 7 Duitama Duitama. Boyacá (Herrera) 4M. 8F ssl-lVd.C. Rodríguez. 2001 8 Aguazuque Aguazuque. Vistahermosa, C/marca 22M, I3F 3000-700 a.C. Correal. 1990; (Precerámico) Rodríguez. 2001 9 Tequendama Tequendama, Chía, Checua, I0M, 10F 6000-3000 a.C. Correal. van der C/marca: Floresta. Boyacá Hammen. 1974; (Precerámico) Ardila. 1986; Rodríguez, 2001 10 Agua de Dios Agua de Dios. Guaduas, Guataquí, 12M, 1F Tardío Rodríguez, 2001 C/marca (Panche) 11 Quindío Quindío (Quimbava) 3M, OF Tardío Rodríguez, 2001 12 Valle Buga, Cuacan, Palmira. Valle 10M.2F Ss III-XIII d.C. Rodríguez. 2001 13 Huila Isnos. san Agustín. Huila 4M. 1F Tardío Rodríguez, 2001 14 Nariño Tajumbina. Nariño 4M.0F Tardío Rodríguez. 2001 15 Caribe El Salado. Atlántico 1M.3F ss IX-XII d.C, Rodríguez. 2001 16 Mestizo Mestizos, Colombia 48M. 11F Contemporáneo Rodríguez, 2001 17 Guajira Península de la Guajira. Venezuela y I8M, 12F Tardío Fleury, 1953; Colombia Rodríguez. 2001 18 Perijá Serranía de Perijá, Venezuela 11M, 7F Tardío Fleury. 1952 (Motilón) 19 Cerro de Luna Cerro de Luna. Venezuela (Guajibo) 50M. 31F Tardío Lagrange. 1982 2(T^ La Pica Aragua, Venezuela 39M, 21F Tardío Lagrange. 1982 21 Aruba Aruba 10M, 2F Tardío Tacoma. 1965 22 Suriname Paramaribo. Suriname 14M, 3F Contemporáneo Tacoma. 1963 23 Siboney Cuba 23M, 15F Precerámico Guinzburg, 1967 24 Taino Cuba 22M. 13F Tardío Guinzburg, 1967 25 Chicama Valle Costa None. Perú 65M. 58F Mochiea Tardío Newman. 1943 26 Paucarc ancha Urubamba. Sierra del Perü I17M.74F Tardío Newman. 1943 27 San Damián Huarochirí, Sierra del Perú 67M. 61F Tardío Newman, 1943 28 Atacama San Pedro, Chile 17M, 9F Tiahuanaco? Le Paige, 1961 29 Puna Puna Jujuy, Argentina 21M. 27F Tardío Mendonca et al.. 1994 30 EGCB Ethnographic Groups of Central 23 M, 9F Siglo XIX Neves el al., 1995 Brasil (Botocudos) 31 HOLL Lowlands Horticulturalists. Enseada. 41M, 30F S IX d.C. Neves etal.. 1995 Laranjeiras 11, Forte Marechal Luz, Brasil 32 HOHL Highlands Horticulturalists. Quitor6. 6M.4F S IX d.C. Neves etal.. 1995 Chile 33 ARLL Lowlands Archaics. Brasil 115M. 86F 3000-1000 a.C. Neves et al. 1995 34 ARHL Highlands Archaics. Camarones 14, 4M, 6F 5400 a.C. Neves etal.. 1995 Chile 35 PILL Lowlands Paleoindians, Cerca 16M, 17F 9700-7700 a.C. Neves et al.. 1995 Gi"ande. Sumidouro, Confins, Caetano, Amoreira. Lapa D'Agua. Lapa Vermelha, Brasil 36 PIHL Highlands Paleoindians, Aguazuque, 32M.21F 6000-700 a.C. Correal, 1990; Tequendama. Colombia Rodríguez. 2001 37 Paraná Argentina 44M. 20F Tardío Debetz, 1958 ^8 Fueguinos Ona. Yamana, Alacaluf, Tierra del 53M.24F Reciente I Gusinde, 1939

Fuego i 294 LOS CHIBCHAS

Continuación Tabla No. 4. Datos referentes a la procedencia, número de cráneos, datación y referencia bibliográfica de las series utilizadas.

39 Coahuila México Arcaico Hooton. 1930 40 Santa Cruz California, USA 51M.51F Late Canaliflo Howells. 1989 41 Oíd Zuñi Pueblo. New México, USA 35M.51F Tardío HrdliTka. 1931 42 Cañaveral Florida. USA 52M, 39F Tardío HrdliTka. 1940 43 Arikara South Dakola. USA 4227F 1600-1750 d.C. Howells. 1989 44 Indian Knoll Ohio County. Kentucky. USA 263M. 222F Arcaico Snow. 1948 45 Shell Mound Pickwick Basin, Alabama 55M.49F Arcaico Newman, Snow. 1942 46 Cheyenne USA 14M.4F Tardío HrdliTka, 1927; Alexeev. 1982 47 Sioux Algonquin. USA 56M. 42F Tardío Alexeev, 1982 48 Atapasco Yukon River. USA 32M.27F Tardío Debetz. 1958 49 Haida Southwest Alaska. USA 18M. 10F Tardío Alexeev. 1982 50 Tlingit Southwest. USA 27M. 9F Tardío Alexeev. 1982 51 Aleut Islas Aleutianas 27M.13F Tardío Debetz. 1958 52 Esquimal Chaplin, Siberia 89M.56F Contemporáneo Alexeev. Gochman, 1984 53 Chukchi Lejano Oriente, Siberia 29M, 30F Contemporáneo Alexeev. Gochman. 1984 54 Yakut Medio río Lena, Siberia 39M, 27F Contemporáneo Alexeev, Gochman, 1984 55 Ulchi Río Amur, Manchuria, Siberia 31M, 25F Contemporáneo Alexeev, Gochman, 1984 56 Evenk Alto río Lena. Siberia 28M. 28F Contemporáneo Alexeev. Gochman, 1984 57 Buriat Lago Baikal, Siberia 45 M, 40F Contemporáneo Alexeev, Gochman, 1984 58 Beltir Siberia meridional 45M, 36F Contemporáneo Alexeev, Gochman, 1984 59 Ket Siberia occidental 11M, 14F Contemporáneo Alexeev. Gochman, 1984 60 Janti Siberia occidental 116M.98F Contemporáneo Alexeev, Gochman, 1984 61 Okunev Siberia meridional 25M, 24F Bronce Alexeev. Gochman. 1984 62 Serov Río Angara, Siberia 19M. 8F Neolítico Alexeev, Gochman, 1984 63 Baikal Lago Baikal, Siberia 15M. 10F Neolítico Alexeev. Gochman, 1984 64 Zhoukoudian China 1M, 2F Paleolítico Superior Alexeev, 1978 65 Ulangom Mongolia 46M, 28F Escita Mamonova, 1980 66 Ainu Hokkaido. Japón 48M. 38F Reciente Howells. 1989 67 Moriori ~ Chatman Island. Polinesia 57M.51F Reciente Howells. 1989 68 Guam Honolulú. USA 30M. 27F Reciente Howells. 1989 69 Tolai Ralüm. Melanesia 56M. 54F Reciente Howells, 1989 70 Australia Murray. South Australia 52M, 49F Reciente Howells. 1989

les de yeso, puede reflejar las dificultades inherentes al desgaste de la superfi­ cie lingual de los dientes anteriores, que difícilmente se aprecian en los vacia­ dos en yeso.

Los estudios antropométricos sobre la base de los datos obtenidos por F. Boas (Jantz et al., 1992) de 12 medidas de cerca de 15.000 individuos, permi­ ten dividir a las poblaciones norteamericanas en varios grupos: Artic. Subartic, CRANEOMETRIA DE I A POBLACIÓN PREHISPÁNICA DE LOS ANDES ORIENTALES DE COLOMBIA 295

Tabla No. 5. Variables craneométricas y su equivalencia internacional. Martin-Saller, 1957; No. Nombre Alexeev, Debetz, 1967 Howells, 1989 1 Diámetro anteroposterior máximo 1 GOL i Diámetro transverso máximo 8 XCB 3 Longitud nasiobasion 5 BNL 4 Altura basibregmática 17 BBH 5 Anchura frontal mínima 9 MFB 6 Anchura frontal máxima 10 XFB 7 Anchura biauricular (BAU) 11 8 Anchura biauricular (Howells) AUB 9 Anchura biastérica 12 ASB 10 Cuerda frontal 29 FRC 1! Subtensa frontal FS FRS 12 Fracción subtensa nasion FRF 13 Proyección glabeiar GLS 14 Proyección supraorbitai SOS 15 Cuerda parietal 30 PAC 16 Cuerda occipital 31 OCC 17 Subtensa occipital OS OCS 18 Fracción subtensa lambda OCF 19 Longitud foramen magno 7 FOL 20 Anchura foramen magno (FOB) 16 21 Longitud basiprosthion 40 BPL 22 Anchura bicigomática 45 ZYB 23 Altura nasioalveolare (NAH) 48 24 Altura nasioprosthion NPH 25 Altura facial total (NGH) 47 26 Anchura frontomalar temporal 43 FTB 27 Anchura frontomalar orbital 43.1 28 Subtensa frontomalar orbital (FOS) NS 29 Anchura frontomalar anterior FMB 30 Subtensa frontomalar anterior ÑAS 31 Anchura cigomaxilar anterior ZM ZMB 32 Subtensa cigomaxilar anterior ZM' SSS 33 Longitud malar (XML) ML 34 Subtensa malar (MLS) MS 35 Altura malar WMH 36 Longitud maxiloalveolar (MAL) 60 37 Anchura maxiloalveolar (MAB) 61 38 Anchura orbitaria (d) 51a OBB 39 Anchura orbitaria (mf) (OMF) 51 40 Altura orbitaria 52 OBH 41 Anchura nasal 54 NLB 42 Altura nasal 55 NLH 43 Ángulo nasofacial (NFA) 75.1 44 Anchura biorbital (ec) 44 EKB 45 Anchura interorbitaria (mf) 50 IOB 46 Subtensa maxilofrontal (MFS) 47 Anchura dacriai DC DKB 48 Subtensa dacriai DS NDS 49 Anchura simótica SC WNB 50 Subtensa simótica SS SIS 51 Profundidad fosa canina (FCD) FC 52 Cuerda alpha (ALC) 53 Subtensa alpha (ALS) 54 Cuerda zygoorbital (ZOC) 55 Subtensa zygoorbital (ZOS) 56 Altura mastoidea MDH 57 Anchura mastoidea MDB 58 Radio al basion BAR 59 Radio al vértice VRR 296 LOS CHIBCHAS

Continuación Tabla No. 5. Variables craneométricas y su equivalencia internacional. 60 Radio al bregma ZOR 61 Radio al nasion NAR 62 Radio al rhinion (EKR) 63 Radio al subspinale SSR 64 Radio al prosthion PRR 65 Radio al dacrion DKR 66 Radio al zygoorbitale ZOR 67 Radio al ectoconchion EKR 68 Radio al zygomaxilare ZMR 69 Anchura bicondilar (BCB) 65 70 Anchura bigoniaca (BGB) 66 71 Longitud mandibular (MAL) 68 72 Altura mentoniana (MEH) 69 73 Altura cuerpo mandibular (MCH) 69,1 74 Grosor cuerpo mandibular (MCI) 69.3 75 Anchura mínima rama ascendente (RMB) 71" 76 Altura rama ascendente (RAH) 70 77 Altura proyección rama ascendente (RPH) 70a 78 Ángulo rama ascendente (RAA) 79 79 Ángulo id-pg-gn (MEA) 80 Altura po-b(POH) 20 81 Ángulo cigomaxilar anterior im ZMA 82 Ángulo nasomalar (NMA) ¡fino 83 Ángulo simótico 'fe S1A

Northwest Coast, afines entre sí; California, Great Basin, Southeast, Southwest, en otro grupo muy variable; Plateau, Plains y Northeast en otro grupo. Mien­ tras que la lengua da cuenta del 38% de la variabilidad intertribal, el área cultu­ ral es responsable del 53%. De esta manera los autores concluyen; 1. Existe un fuerte patrón geográfico en la variación antropométrica; 2. No hay evidencias para diferenciar los Na-Dene hablantes y los esquimales de otras familias lingüísticas; 2. La gran similitud entre Na-Dene y Eskimo-Aleut, más que con los Macro-Algonquian, puede sustentar la idea de un origen común reciente de las primeras poblaciones.

Desde la perspectiva evolutiva, si bien el origen de la diversidad humana se ha interpretado bajo las premisas de la cladogénesis (un ancestro común), difusionismo (teoría de la ola) y etnogénesis (múltiples orígenes) (Moore, 1995), los estudios fenéticos y genéticos sobre los orígenes de la variabilidad amerindia apoyan el modelo etnogenético, según el cual todo grupo étnico, en vez de un ascendente único, posee orígenes múltiples, generando comunidades mixtas que se estabilizan con el tiempo, pero que pueden sufrir recomposiciones radi­ cales que les permiten reestructurar totalmente sus instituciones económicas, políticas, sociales y su propia lengua. El mapa genético de las poblaciones humanas, por consiguiente, mantendrá vínculos bastante laxos con la difusión lingüística y cultural. No obstante, en la dilucidación de los orígenes de la CRANEOMETRIA DE LA POBLACIÓN PREHISPÁNICA DE LOS ANDES ORIENTALES DE COLOMBIA 297

Figura No. 1. Dendrograma de distancias euclídeas Ward de rasgos craneométricos. Masculinos.

ESCALA 0 5 10 15 20 25 GRUPO + + + + + + EVENK - + - + KET -+ +-+ ULCHI + + + JANTI -+-+ I I ALEUT -+ +-+ I SEROV -+ I I BELTIR -+-+ I BAIKAL -+ + + CHUKCHI -+-+ I I ESQUIMAL -+ + + I I BURIAT - + -+ II I YAKUT -+ I I I HAIDA -+ + + I TLINGIT -+ I + + FUEGUINO - + -+ I II PARANÁ -+ I I I I AINU + + I I MORIORI + I I GUAM + I I ZHOUKOUDIAN + I TAINO -+-+ I SURINAME -+ I I AGUA DIOS + + I QUINDÍO + I I SAN DAMIÁN -+-—J—+ I I ARHL -+ + + + + I LOS SANTOS -H-+-— + III I I i I NARIÑO -++ II I I Ii I ARUBA + +•J- - ._.-- +f Ii I MUISCA BOGOTÁ —h I i MUISCA SOGAMOSO - + I Ii I SILOS -H-+-— + I I i I DUITAMA —-+h ++ - -+4 Ii I VALLE + Ii I HUILA + +. OKUNEV + . • + i ULANGOM + I i ARIKARA —t- + - •+ i CHEYENNE - + - + I I i SIOUX —1- +-- + + . CAÑAVERAL + I i i MESTIZO .+ i i AUSTRALIA _ + - + i i TOLAI - + I +-+ ATACAMA - + I i PUNA - + - + I i ATAPASCO -+ I I i HOLL -+ I I i ARLL CERRO LUNA -+ I I I LA PICA -+ I I I GUAJIRA -+—h I : SANTA CRUZ -+ I I i OLD ZUÑÍ -+ I I 1 PERIJÁ - + - + + - -+ HOHL - + I INDIAN KNOLL - + I SHELL MOUND _+ - + 1 COAHUILA - + I I EGCB - + I I

PIHL - + + • -+ MUISCA TUNJA - + I PAUCARCANCHA - + - + I CHICAMA -+ I I COCUY SIBONEY PILL 298 LOS CHIBCHAS

Figura No. 2. Dendrograma de distancias euclídeas Ward de rasgos craneométricos faciales masculinos.

ESCALA 0 5 10 15 20 25 GRUPO + + + + + + EVENK -+-+ KET -+ I ULCHI + + SEROV -+ I I BELTIR _+-+ I BAIKAL -+ I JANTI -+ + + FUEGUINO - + I I HAIDA -+-+ I I ATAPASCO -+ I I I TLINGIT -+ I I I PARANÁ -+ + + + + ALEUT -+ I I I CHUKCHI -+-+ I I ESQUIMAL -+ I I I BURIAT -+-+ I I YAKUT -+ II ZHOUKOUDIAN + I NARIÑO -+ I PAUCARCANCHA -+ I LOS SANTOS - + + I SAN DAMIÁN -+ +-+ I ARHL -+ I I I QUINDÍO + -+ I I ARUBA + I I MUISCA BOGOTÁ -+ + + I MUISCA SOGAMOSO -+ I I I MUISCA TUNJA -+-+ II I SILOS -+ + + I I VALLE -+ I I I I DUITAMA -+-+ II I HUILA -+ I I I COCUY _+-+ II I CHICAMA -+ + + I I SIBONEY + I I PILL ARIKARA CHEYENNE SIOUX „+— .+ I CAÑAVERAL - + +— - + I OKUNEV -+-+ I I I ULANGOM -+ +--+ +• • -+ I AINU —+ I I I MESTIZO I I AUSTRALIA 1 , I I TOLA I -+ I +— —+ COAHUILA -+ I I EGCB -+ I I INDIAN KNOLL - + —V I I PIHL -+ I -J— —+ ARLL -+ +. • —J- I PUNA -+ I I I SHELL MOUND -+-+ I I HOHL -+ I I HOLL -+ I I SANTA CRUZ -+ +-._.- + ATACAMA -+ I MORIORI _+-_. - + I GUAM -+ I I CERRO LUNA -+ I I LA PICA GUAJIRA PERIJÁ OLD ZUÑÍ TAINO SURINAME AGUA DIOS CRANEOMETRIA DE LA POBLACIÓN PREHISPÁNICA DE LOS ANDES ORIENTALES DE COLOMBIA 299

Figura No. 3. Dendrograma de distancias euclídeas Vv'ard de rasgos craneométricos femeninos.

ESCALA GRUPO

ARIKARA SIOUX CAÑAVERAL ARLL ATAPASC0 HAIDA TLINGIT PUNA OLD ZUÑÍ CERRO LUNA JANTI GUAJIRA PERIJÁ LA PICA CARIBE CHEYENNE f + I 1 LOS SANTOS f + + i MESTIZO + i +- AGUA DIOS + i VALLE --+-+ I HUILA — + + + KET C-+ I COCUY MUISCA BOGOTÁ MUISCA SOGAMOSO BELT1R DUITAMA AUSTRALIA TOLAI I INDIAN KNOLL I EGCB I PIHL +- HOLL -+ I ULANGOM I I SHELL MOUND I I CH1CAMA I I MUISCA TUNJA H h HOHL I TAINO I SILOS I SIBONEY SAN DAMIÁN PAUCARCANCHA SANTA CRUZ ARHL PILL EVENK ULCHI CHUKCHI ESQUIMAL BURIAT YAKUT BAIKAL SEROV FUEGUINO OKUNEV AINU GUAM PARANÁ MORIORI ZHOUKOUDIAN 300 LOS CHIBCHAS

Figura No. 4. Dendrograma de distancias euclídeas Ward de rasgos craneométricos faciales femeninos.

ESCALA GRUPO

ARIKARA SIOUX CAÑAVERAL -+ I DUITAMA -+ I LA PICA -+ I ARLL _+ + ATAPASCO -+ I HAIDA -+ +- — + TLINGIT -+ I I PARANÁ -+ I I SEROV -+ I I FUEGUINO - + + I OKUNEV -+ H — + OLD ZUÑÍ -+ I I CERRO LUNA -+-+ I I GUAJIRA _ + + — -+ I I AINU -+ I I I I GUAM - + -+ I I I JANTI -+ + - -- + 4- + KET -+ I I I BELTIR -+ I I I AUSTRALIA -+-+ I I I IOLAI -+ + — -+ I '+• MORIOR1 —+ + 1I I I I ZHOUKOUDIAN + I I EVENK -+ + I I ULCHI - + + + 1 CHUKCHI -+ I I ESQUIMAL -+ + I BUR1AT -+ 1 YAKUT -+ I BAIKAL -+ I MUISCA BOGOTÁ -+ I MUISCA SOGAMOSO -+ I VALLE - + + I COCUY -+ I I SIBONEY - + + + I SAN DAMIÁN -+ I I I HOLL -+ I I 1 EGCB -+ I I I ULANGOM - + -+ II I HUILA -+ I I I I SANTA CRUZ -+ + + I I SILOS -+-+ I 1 ARHL -+ 1 I I PAUCARCANCHA -+-+ I I PILL -+ I I 1 PIHL -+ I + + INDIAN KNOLL -+ I I TAINO -+ I I CHICAMA - + -+ I HOHL -+ I SHELL MOUND -+ I PERIJÁ -+ I MUISCA TUNJA -+ I LOS SANTOS -+-+ I PUNA -+ + + I CARIBE - + -+ + + I CHEYENNE -+ I + + MESTIZO + I AGUA DIOS + CRANEOMETRIA DE LA POBLACIÓN PREHISPÁNICA DE LOS ANDES ORIENTALES DE COLOMBIA 301

Figura No. 5. Dendrograma de distancias euclfdeas intragrupales de rasgos no métricos. Masculinos y femeninos. ESCALA 0 5 10 15 20 25 GRUPO + + + + + +

KARASUK -+-+ TACAR -+ + + AFANASIEV + +-+ TLATILCO + + + ANDRONOV + + + AGUA DIOS + + + OKLAHOMA + I LITNORPR + + I ITACOARA + I I LITCENSC + + + + I ENSEADA + III I ARMACAO + + + + I I BASEAEREA + + + II I LITSULPR + I I + + I TAPERA + + + + I II LARANJEIRAS + + + I I II LITNORSC + + + I II LITSULSC + I II CABECUDAS + I I COCUY + + I I DUITAMA + I II BRITISH COL + + I + + PERÚ + II I M. BOGOTA + + I + + I M. SOGAMOSO + +-+ + + II I M. TUNJA + +-+ I I I I I AGUAZUQUE + + + I I I I I TEQUENDAMA + + I I + + + + I SILOS + I + + I I II LOS SANTOS + I I I II VALLE + I I + + CARIBE + I I TAINO + I SIBONEY diversidad de las poblaciones humanas los investigadores se enfrentan al pro­ blema de la distinción de los efectos de los procesos de cambio rápido de aque­ llos otros que derivan de procesos lentos, pues al cabo de varias generaciones las lenguas nativas o mixtas pueden presentar rasgos parecidos a las lenguas de evolución lenta. A su vez, en genética es difícil diferenciar si un gen debe su presencia en una determinada población, a una súbita migración o a un flujo genético de un amplio período de evolución (Moore, 1995).

Si partimos del hecho que los primeros asentamientos humanos de los An­ des Orientales de Colombia se remontan a cerca de 12.000 años, hasta donde señalan las evidencias reportadas por las investigaciones de G. Correal (1979, 1981, 1990), o cercanas a los 19-21.000 años según las investigaciones ade­ lantadas en Tocogua, Duitama, Boyacá -información personal de Tito M. Be­ cerra; podemos suponer, entonces, que las poblaciones andinas septentrionales 302 LOS CHIBCHAS

Figura No. 6. Mapa territorial asumiendo que todas las funciones excepto las dos primeras son = 0. Discriminante canónico.

Función 2 -6.0 -4.0 -2.0 .0 2.0 4.0 6.0 + 1 + 1 + + y 6.0 +25 + I 25 I I 25 I I 25 51 I 25 5571 122 25 577 I 4.0 +4422 + + 25 + + + 557 + I 4422 25 5577 I I 4422 25 577 I I 4422 25 557 I I 442 25 5577 I I 422 25 577 I 2.0 + +4422 + 25 + + 557 + + I 4422 25 5577 1 I 4422 25 577 I I 4422 235 557 I I 4422 2335 * 5587 I I 4422 ***115 555887 I .0 + + + 4422231+ 155888 87 + + I * 4421 18 *8* I I 41 18 888*6777 I I 411 188666 666777 I I 441666 666777 I I 46 666777 I -2.0 + + + +46 + 666777 + I 46 666777 I I 46 6667771 I 46 6661 I 46 I I 46 I -4.0+ + + 46 + + + I 46 I I 46 I I 46 I I 46 I I 46 I -6.0 + 46 + + + + + 1- + y -6.0 -4.0 -2.0 .0 2.0 4.0 6.0 Función de discriminante canónico 1

y del sur tuvieron tiempo suficiente para desarrollar respuestas adaptativas a la hipoxia de altura, más evidentes en la región de Tunja y Cocuy, Boyacá, en el altiplano nariñense y en la sierra peruana. Esta respuesta convergente explica­ ría su afinidad morfológica. Pero, por otro lado, su enlace en los enjambres con las poblaciones de Venezuela y las Antillas no se puede explicar sino por el hecho de compartir un ancestro común no muy remoto, del cual se escindirían los grupos andinos chibcha hablantes de los antillanos arawak hablantes y los amazónidos. CRANEOMETRIA DE LA POBLACIÓN" PREHISPÁNICA DE LOS A.NDES ORIENTALES DE COLOMBIA 303

Tabla No. 6. Promedios de variables craneométricas de poblaciones masculinas de Asia. Oceanía y América

Grupo GOL XCB BNL BBH MFB BPL ZYB NAH OMF OBH NLB NLH NFA SSA NMA SIA Zhoukoudian 204 143 109 136 107 106 143 79 48.5 31.5 32 58 22 129 139 78 Serov 185.5 142.9 102.5 132.4 93.6 102.4 139.6 72.2 42.2 33.3 25.5 51.2 21.9 137.3 144.5 101.4 Baikal 188.1 145.1 101.6 131,2 91 99.8 143.1 74.2 42.4 34.4 26.2 52.6 21.8 142.4 149.3 110.2 Okunev 188.8 155.1 103 133.6 98.5 100 143.8 73 45.3 33.6 25.9 52 29.3 131.8 142.4 97.9 Jantis 181.1 143.7 100.8 127.2 95.9 101.6 139.4 73.9 43.7 35.4 25.9 53.8 20.7 132,6 143,9 103,5 Buriat 181.9 154.6 102.7 131,9 95.6 99.2 143.5 77.2 42.2 36.2 27.3 56.1 21.2 140.9 145.5 104.9 Yakul 185.8 148.6 104.6 136.8 94.2 103.7 146.4 82.2 44.3 35.2 26.9 57.8 21.5 138 147.4 104.1 Chukchi 184.4 142.1 104 136,9 94.8 104.2 140.8 78.9 43.6 36.9 24.9 56.1 21.1 138.9 146.8 106.6 Evenk 179.4 145.5 99.4 127.5 94.6 99.5 137.8 72.1 42.6 34.2 25.2 53.1 18.5 133.8 146.6 118.9 Ulchi 183.3 142.3 103.3 134.4 92.5 102.5 139.9 77.6 43.4 35.7 26.7 55.4 17 137.5 146.2 127.7 Ket 179.4 145.5 99.4 127.5 94.6 99.5 137.8 72.1 42.6 34.2 25.2 53.1 18.5 133.8 146.6 118.9 Beltir 176.2 146 99.1 130.9 92 95.8 139.3 73.2 42.9 34.1 25.1 52.7 22.2 134.6 144.9 99.1 Mestizo 178.1 140.5 102.2 138.4 95.2 97.2 128.9 69 39.7 32.8 23.9 50.9 26.4 120.3 127.6 90.4 Australia 190.3 131.9 102 129.6 94.2 105.5 136.8 68.3 43.6 33.5 28.1 49.2 10.3 127.7 139.3 104.2 Tolai 183.5 130,5 101.5 134.9 94.2 107 136 69 42 32.3 27.8 48.5 12 122.9 142 102.6 Moriori 188.4 142.8 105.6 136 94 103.1 139.8 74.2 43.6 36.7 27.1 56 20 120.7 141.4 98,5 Ainu 190 143 106.6 138.6 95 104.6 138.9 71.4 43.4 34.1 27.7 51 23.7 131 144.2 101.4 Guam 185.6 140.8 105 143,7 94 101.5 142.5 76 43 35.5 27.8 54.3 16 132 139.6 111.1 Esquimal 181.8 140.7 102.1 135 94.9 102.6 137.5 77.5 43.4 35.9 24.4 54.6 23 135.6 146.2 98.6 Aleut 179.7 149.8 102.9 127.8 94 103 144 75.3 42.5 35.5 24.5 51.9 25.8 133.9 146.6 110.4 Halda 183.6 143.8 104.2 137 95 103.2 140.6 75.1 41.6 35.9 26.2 52 24 131.4 143.2 100 Tlingit 183.1 149.7 102.1 136 94 101.1 145.1 76.1 42 36.6 25.6 53.4 23.1 135.4 143.2 97 Atapasco 181.5 140.4 101 135.9 94 100.6 137.8 75.4 41.4 35.7 24.8 52.9 24 132.7 144.9 101 Oíd Zuñi 175.8 133.4 99.2 133.5 99.5 98 134.5 73.3 41.8 35.1 25.2 51 20.8 128.7 143.1 108.8 Sioux 184.2 142.6 103.5 129.5 94.7 102.2 142.3 75.3 40.6 36.3 26.9 55 28.4 129.6 138.7 95 Arikara 179.5 141.5 102.8 133.5 95.9 98.6 140.9 75.4 42.2 35 27.1 54.5 27.6 125.9 140 91 Cañaveral 180.6 147.7 101 143.8 94 100 147.7 76.2 41.1 35.1 24.9 52.7 25 126.5 138.2 98.3 Cheyenne 183.7 143.1 101 133.7 94 100 142.8 72.7 41.5 35.3 26.6 53.8 29.2 129.2 139.7 91 Indian Knoll 178.8 135.4 102.5 139.9 91.6 97.1 136 70 42.7 33.3 24.4 51 25 130 141.6 105 Santa Cruz 179.8 139.9 97.3 129 94 98,9 136.9 71.2 41.8 35.1 24.8 50.7 24.9 127.1 141.8 95.5 Coahuila 182.5 135.1 103.4 135.7 92.5 98.3 137.4 72.6 41.2 33.8 25.7 52.3 23 130 143 105 Siboney 172.5 134.8 99 134 93 93.3 131.3 64.6 38.5 33.1 23 49.6 18 128.4 144.1 112.5 Taino 169.4 155.6 97 125.1 97.8 98.4 142.3 74.4 43.2 36.7 26.1 54.7 21.2 127 143 110.9 Panche 161.5 163.1 98 121.1 99.3 102.6 145.2 69.6 42.9 35.6 26.6 51.4 21.5 126.7 144.3 101.2 Valle 161.9 162.8 94.6 135.1 98 96.9 140.7 69.8 42.6 33.8 25.7 49.9 22.3 128.5 146.2 99.2 Quimbaya 171.3 157 89 126.7 95.3 98 137.7 68 42.3 37.3 26 52.7 20 122.5 139.1 97 Aruba 171.4 143.3 93.6 132.4 95.5 90.5 138.2 65.7 41.6 36.6 24 51.3 22 130 143 105 Suriname 164.3 148.9 98 123.4 96.5 95.9 139.2 71 42 37.9 26.1 51.9 22 130 143 105 Guajira 181.3 142.5 98.3 130.4 95.2 98 134.3 71,7 42.8 35.4 25.7 53.3 24.3 127.8 143 107.6 304 LOS CHIBCHAS

Continuación Tabla No. 6. Promedios de variables craneométricas de poblaciones masculinas de Asia, Oceanía y América

Cerro de Luna 178.1 141.5 97.8 127.6 97.1 100 134.1 71 41 34.2 25.6 51.8 22 128 143 105 Motilón 179.3 136.2 101 133.8 95.3 99.8 136.7 69.3 42.6 34.9 25.7 51.4 20 126.9 142.6 105 Chitarero 173.5 143,5 98.1 135.4 96.9 98 139.3 69.3 42.4 34 24.2 48.3 27.5 129.3 142.3 98.6 Lache 179.6 141.1 98.2 131.5 94.1 97.8 138.8 66 41.5 33.2 25.7 46.7 15 134,1 143.7 109.7 Guane 170.3 146.7 94.1 125.3 92.8 95.4 136.3 68.7 41 35.7 23.4 50.3 23.4 128.7 139.6 100.2 Herrera 176.3 148.6 98.5 135 95.6 98 141 70 43.3 34 25.3 50.3 21 126 147.7 101 Muisca Bogotá 172.1 147 99.2 134.9 94,9 99.4 140.5 68 42.4 34.2 25.8 48.3 23.5 129.9 145.1 101.3 Muisca Tunja 176.9 139.2 99.4 136.5 92.8 98.5 136 68.5 41,3 34.2 25 48.2 21 128.3 144.8 110,7 Muisca Sogamoso 176.6 142 99 136.1 94.5 98.6 139.2 68.1 40.7 34 24.9 48.3 21.6 130.3 145.1 96.5 Huila 170 150 96 129.7 94.3 95 135.7 67.5 43.3 33.7 27 49.8 19.3 125.8 143.5 104.1 Chicama 176 139.6 98.5 135.3 92.1 97 135.3 67.4 41 33.6 24,6 48.7 22 134.1 140.6 105 Paucarcancha 179.4 135.4 98.5 137.1 92.3 96.1 133.9 67.8 41 34.9 24.2 49 24.2 126.3 143 105 San Damián 177.6 139.7 94.8 132.2 90.7 92 135.7 72 41.2 34.2 24 50.3 24 130 142 92,2 Atacama 172.1 141.1 97.2 135.7 94.5 96.8 137.1 71.3 39.9 36.1 25 51.3 22 130 143 105 PILL 186.1 130.3 102.1 132.6 92 101 127 66 41.7 33 24,2 48.8 20 128 142 117 PIHL 189.6 132.6 103.1 137.6 90.6 102.3 133.3 71.6 41.5 34.3 25.8 51.1 19.7 126.2 141.8 111.6 ARLL 183 142.7 101 132.2 92 101 140.1 75 41.7 35.6 25.6 53.2 22 128 142 105 ARHL 182 140 97.7 129.4 93 93.8 131.3 73.3 41.1 34 24.3 49.5 22 128 142 105 HOHL 168.5 136.7 101 134 94 100 133 74 41.3 35.2 24.2 49.7 22 130 143 105 HOLL 180.9 137.7 100.4 138.6 93 100 133.9 75.4 40.8 35,2 24 52.5 22 130 143 105 EGCB 184.4 135.3 102.6 134 92 102 135.5 72 41.4 32.6 24.9 52.2 22 130 143 105 Paraná 186.2 142.7 104 146.9 95 102 144.6 76.7 42,2 36,4 26.1 55.8 23.7 130.8 144.5 105 Fueguino 189.9 143.9 104,1 137 95.6 102.9 144,2 74.6 44.3 35.8 25.3 53.7 24.9 130.8 143.1 105 Ulangom 185.4 142.7 102.8 134 96,9 99.6 136.3 70.7 42.6 32.7 25.1 50.6 31 131.4 140.7 87.4 La Pica 177.8 145.6 100.1 127.4 96.4 99.8 136 72.5 41.9 35 25.7 53.2 22 130 143 105 Puna 173.9 141.5 97.9 134.3 91 97 138.1 74.9 39.9 36.1 25.1 52.3 22 130 143 105 Shell Mound 183.4 134.2 103.3 140.4 93.4 97.4 140.8 71 42.3 35.4 25.5 50.2 22 130 141.4 105

6. Conclusiones En síntesis, los datos craneométricos, dentales, genéticos, antropométricos y de la teoría evolutiva permiten plantear lo siguiente: 1. Existe una amplia variación genética y fenética entre las poblaciones amerindias que se puede explicar por su etnogénesis (múltiples orígenes), ya sea por el efecto de varias migraciones o/y por los procesos evolutivos aconte­ cidos una vez instalados en el Nuevo Mundo. CRANEOMETRIA DE LA POBLACIÓN PREHISPÁNICA DE LOS ANDES ORIENTALES DE COLOMBIA 305

Tabla No. 7. Promedios craneométricos de poblaciones femeninas de Asia, Oceanía y América.

GRUPO GOL XCB BNL BBH MFB BPL ZYB NAH OMF OBH NLB NLH NFA SSA NMA SIA Zhoukoudian 190 133.5 1 II 146.5 102 110 134 70.5 42.7 30.1 26 49 21 128.5 140 107.4 Serov 182.1 141.6 98.3 124.2 92,5 97.7 135.4 69.8 42.7 34 24.7 50.5 TJ 135.7 145.5 112 Baikal 176.5 141 97.9 127.4 87,7 97 130.7 71.1 41.9 34.2 25.6 51.1 20.4 136.8 149.8 117.7 Okunev 179.1 147.3 98.6 128.4 95.8 99.7 134.1 68.5 42.1 33.2 25 48.4 24.7 132.2 141.4 103,1 Janti 172.6 137.7 95.6 122.7 91,4 96.5 129.2 69.4 41.5 34.8 24.6 50.3 18.4 132.4 143.8 118.8 Buriat 171.7 147.5 96.6 124.9 93.1 94.9 134.1 71.3 40.6 35.3 26.2 52.4 17.2 140.3 147.5 116.1 Yakut 177.2 143.6 98.6 129.7 91.8 97.8 135.4 75.3 42.3 34.8 25.6 53.8 18,1 139.4 148,6 113.3 Chukchi 175.1 135.9 97.4 130.2 91.1 99.7 129.7 73 41.5 35.2 24.4 51.7 16 136.9 148.1 108 Evenk 185.5 145.7 101 126.3 90.6 102 141.6 75.4 43 35 27.1 55.3 18.7 141.6 149.1 126.7 Ulchi 183.3 142.3 103 134.4 92.5 103 139.9 77.6 43,4 35,7 26.7 55.4 17 137.5 146.2 127.7 Ket 173 143 96.6 127.3 93.3 95.1 131 65.6 41.7 34.3 24.7 48.7 16,5 135.6 144.6 123.1 Beltir 171.4 141.1 95.1 128 91.2 90.7 1.31 70.2 41.7 34.1 24.7 50.5 19.1 134.2 144.9 111.7 Mestizo 168.4 137.7 95.7 130.5 91.4 87.4 119.6 65.2 37.6 34 22.8 47.9 25.4 120.7 13 1.5 95 Valle 157.5 158 95 124 96.5 93 135.5 66 41 33 24 46 21 130 147.1 105 Caribe 170.3 137.6 87 120 90 93 124.3 66.3 38.3 35.3 25 48 21.5 128.6 134.7 105 Guajira 174.4 139.9 92.2 122.9 91.8 95 129.3 68.5 40.8 34.9 24.3 52.7 15,5 129 141 113 Perijá 168.5 139 93.4 120.1 90.5 94.6 130 63.5 41.4 35 24.1 47.7 19 129 141 113 Chicama 167.3 136.2 94.1 129.3 88.8 94.1 126.8 65.2 41.7 33.8 2.3.7 47 19 129 143.1 108.3 Paucarcancha 169.5 130.4 93.5 128.5 87.3 92.3 123 63.1 39.5 34.2 23,4 45.7 20 129.1 142.2 98.5 Taino 168 139 93 122 90 94 123.7 63.4 40 33.2 22.4 49 17.5 127 141.5 113.8 Arikara 173.8 136.4 97.5 128.4 91 95.1 130.5 69.6 40.8 35.6 25,3 51.8 23 126.9 139.3 103.6 Santa Cruz 172.8 135.1 92.8 125.1 91 95.2 126.7 66.1 39.8 34 22.9 46.5 18 125.8 139.4 102.5 Cheyenne 171 138 93 126.3 91 95 127 68 39.5 34.5 25 49.3 27 130.3 140.2 95 Australia 181.1 127.5 96.2 123.5 91 100 125.8 62.9 41.6 33.1 26,2 46.5 10.4 126.1 138.3 112 Tolai 174.6 127.9 95.6 127.2 91 102 126.2 64 41 32.2 26.7 46.6 15 122.9 141.2 113 Moriorí 178.1 137.7 101 131.6 91 98.7 130.8 69.5 41.5 35.8 25.6 52.6 12 121.5 141.2 111.3 Ainu 178.7 137.1 99.9 132.5 91 97.4 128.2 65.9 ^41.5 34.2 26.5 48.2 18 130.2 140.8 111.8 Guam 175.3 136.4 100 136.9 92 96.4 132 68.6 41.3 34.7 26.5 51 18 133 141.7 117.2 PILL 178.8 129.2 96.5 125.2 90 96 123 60.5 39.3 33.2 25 43.3 19 128 141 105 ARHL 169.7 130.7 88.5 120.2 90 96 125 68 38.8 34 21.5 46 19 132 141 105 HOLL 175.3 134.7 95.9 135.9 90 96 128.8 70.6 39.3 33.9 23.5 48.8 19 130 142 105 HOHL 160 138.5 96 128 90 96 123.8 66.2 40.6 34.8 23.5 46.8 19 130 142 105 ARLL 174.6 137.4 95.8 125.3 90 96 131.1 72.2 40.7 35.7 24.9 50.3 19 130 143 105 Muisca Bogotá 164.8 143.9 95.2 130 91.2 95 133 62.4 40.7 33.5 25.1 45.2 23.1 132.6 145.4 105.2 Muisca de Tunja 169.3 136.2 95.1 131.6 90.7 95.1 128.7 65 40 33.8 23.8 46.1 17.5 127.3 143.8 114.3 Muisca de Sogamoso 168.7 139.8 96.1 132.6 91.3 92.8 132.7 63 40.3 34.2 24.5 45.5 16.1 134.6 145.2 105 PIHL 178.6 128.1 96.9 131 86.7 96.3 124 65.5 39.3 33.3 23.9 47.9 19.4 126.1 141.1 108.3 Fueguino 180.9 136.6 99 133.2 92.2 98.7 134.2 70 42.5 35 24.2 50.7 22.8 130 143 113.1 Los Santos 165.4 142.2 89.7 119.2 89.9 88.5 130.3 64.6 40.3 35.5 23 49.2 24.7 131.4 141.4 105.7 306 LOS C H I CHAS

Continuación Tabla No. 7. Promedios craneométricos de poblaciones femeninas de Asia. Oceanía y América.

GRUPO GOL XCB BNL BBH MFB BPL ZYB NAH OMFOBH|NLB NLH NFA SSA NMA SIA Agua de Dios 162 144 83 109 77 96 133 63 40 36 26 48 15 130 143.3 105 Huila 166 147 99 124 89 99 131 68 41 32 24 48 18 131.4 149 100.3 Esquimal 175.2 136.6 97.7 130.1 90.7 98.6 130.9 72.7 42.1 35.5 24 51.7 20.1 136.3 145.8 105.7 Atapasco 172.7 134.5 96.4 129.2 90 95.2 127.9 72,2 39.3 35.4 24.1 50.9 20 130 144 110 Haida 171.6 142 98 132.4 91 98.1 133.4 71,5 39.9 35.1 24.3 48.6 21 131,4 145.2 108 Sioux 177.2 138.1 96 123.8 91 96 131.8 70.2 40.2 35.7 25.5 52.2 25.3 127.1 137.6 105 Oíd Zuñi 163.9 131.3 94.5 127.6 91 93.9 127 68 39.5 34.5 25.3 47.9 14.7 129.5 143.9 119,6 Cocuy 173 139.2 98.1 129.5 93.9 95.3 131.8 63.7 40 31.8 24,3 45.3 19 132.6 144.7 119.4 Cerro de Luna 171 133.5 92.9 122.6 94.2 94.4 125.1 68.8 40 33.8 25.6 48.2 19 129 141 113 Tlingit 173.7 142.8 96.7 128.8 90 97.5 133 69.3 40.3 36 22.5 49.5 20 130 144 110 Cañaveral 171.5 142.91 96 136.4 90 96 138.3 71.7 40 35.1 24.7 51.3 24 129 139.2 106 Indian Knol! 172.1 131.5 98 132.8 88.2 95.6 127.4 65.4 40.4 32.8 23.8 47,6 20 129 143.5 110.5 Siboney 166.5 131 92.5 128.9 88.5 89.3 121.8 63.6 37.1 33.3 22.6 46.9 17.3 127.4 143.4 115.3 San Damián 169.6 134.8 89.6 124.6 87 88.5 124.9 65.2 38.5 33 23.1 46.5 20 127.1 143.4 115.3 Chitarero 161.3 140.3 94.3 130.5 93.1 94 133 66 39.5 33 23 46 20 123.8 141.7 106.8 EGCB 175 131.4 97.3 130 90 97 127.3 68.5 39.5 32.3 24.4 48.6 19 130 142 105 Duitama 166.8 139.8 92.8 134 91 91.2 129.8 68.3 40.5 35 25 48 21 129.8 147 104.9 Paraná 178.1 135.1 97 139.3 92 96 132.2 70.8 40.2 35.4 25.4 53 23.7 130 146.3 115 Ulangom 175.2 136.5 97.9 128.7 92.8 95.5 127.5 65.4 40.2 33.1 24.1 48.3 22.2 131.4 143.9 104.1 La Pica 170.9 141.3 94.8 121.6 93.7 94.4 127.6 68.8 41 36 24.6 48.3 20 129 143.4 105 Puna 170.1 139.1 90.3 134.1 85.7 91.1 130 70.3 38.7 36.9 24.3 50.6 20 130 143.4 105 Shell Mound 176.4 131 99.4 135.4 89.5 96.7 127.9 66 42 34.3 24.4 47.7 20 130 142 105

2. La variación es más apreciable en Centro-Sudamérica, incluido el nor­ deste y sur de Estados Unidos, producto de un poblamiento más temprano y por su diversidad ambiental. 3. El origen de los primeros americanos se ubica en Asia Central, cerca al lago Baikal (Pribaikal), quizás al noroeste de esa región, en el alto Lena.

4. El fenotipo facial de los primeros americanos es mesomorfo o generali­ zado (por mestizaje u origen protomorfo), modificado por posteriores eventos adaptativos (gracilización, braquicefalización), siendo difícil rastrear su línea evolutiva.

5. El poblamiento inicial es tan antiguo, que por un lado facilitó la homeostasis somática en los nuevos ambientes habitados, y, por otro, el equilibrio en la rela­ ción mutación-deriva genética. A juzgar por las fechas de Zhoukoudian, China CRANEOMETRIA DE LA POBLACIÓN PREHISPÁNICA DE LOS A.NDES ORIENTALES DE COLOMBIA 307

Tabla No. 8. Comparaciones de grupos ambientales por pares

Paso Ecosistema VDES BSEC BJHUM BMON BTEM ESTE TAIGA TUNDR 1 Vegetación desértica F 0.14 1.782 0.051 7.647 3.674 2.113 5.372 Sig. 0.709 0.187 0.822 3.008 0.06 3.152 3.024 Bosque seco tropical F 0.14 1.747 0.07 14.87 5.663 2.683 9.403 Sig. 0.709 0.192 0.792 3E-04 0.021 1107 0.003 Bosque húmedo tropical F 1.782 1.747 2.059 0.683 0.028 3.035 0.225 Sig. 0.187 0.192 0.157 0.412 0.868 1852 0.637 Bosque montano F 0.051 0.07 2.059 15.96 6.42 3.2IS 10.34 Sig. 0.822 0.792 0.157 2E-04 0.014 3.078 0.002 Bosque templado F 7.647 14.87 0.683 15.96 0.916 2.022 0.278 Sig. 0.008 3E-04 0.412 2E-04 0.343 3.16 0.6 Estepa F 3.674 5.663 0.028 6.42 0.916 0.235 0.192 Sig. 0.06 0.021 0.868 0.014 0.343 . 3.629 0.663 Taiga F 2.113 2.683 0.035 3.218 2.022 0.235 0.844 Sig. 0.152 0.107 0.852 0.078 0.16 0.629 0,362 Tundra F 5.372 9.403 0.225 10.34 0.278 0.192 0.844 Sig. 0.024 0.003 0.637 0.002 0.6 0.663 0.362 2 Vegetación desértica F 0.129 0.959 2.302 4.096 1.945 1.52 2.823 Sig. 0.879 0.39 0.109 0.022 0.153 0.228 0.068 Bosque seco tropical F 0.129 0,88 5,413 8.964 3.566 3.021 5.634 Sig. 0.879 0.42 • 0.007 4E-04 0.035 0.057 0.006 Bosque húmedo tropical F 0.959 0.88 1.849 1.028 0.432 0.865 0,598 Sig. 0.39 0.42 0.167 0.364 0.651 0.426 0.554 Bosque montano F 2.302 5.413 1.849 17.47 9.587 9.664 12.63 Sig. 0.109 0.007 0.167 1E-06 3E-04 2E-04 3E-05 Bosque templado F 4.096 8.964 1,028 17,47 0.508 1.032 0,173 Sis. 0.022 4E-04 0.364 1E-06 0.605 0.363 0.842 Estepa F 1.945 3.566 0.432 9.587 0.508 0.276 0.098 Sig. 0.153 0.035 0.651 3E-04 0.605 0.76 0.907 Taiga F 1.52 3.021 0.865 9.664 1.032 0.276 0.544 Sis. 0.228 0.057 0.426 2E-04 0.363 0.76 0.583 Tundra F 2.823 5.634 0.598 12.63 0.173 0.098 0.544 Sig. 0.068 0.006 0.554 3E-05 0.842 0.907 0.583 3 Vegetación desértica F 0.055 0.001 4.051 2.388 1.061 1.81 1.473 Sig, 0.815 0.971 0.049 0.128 0.307 0.184 0.23 Bosque seco tropical F 0,055 0.023 10.62 7.882 3.448 4.991 4.882 Sig, 0.815 0.88 0.002 0.007 0.069 0.029 0.031 Bosque húmedo tropical F 0.001 0.023 2.7 1.866 0.872 1.476 1.181 Sis. 0.971 0.88 0.106 0.177 0.354 0.229 0.282 Bosque montano F 4.051 10.62 2.7 28.52 17.36 19.27 21.55 LOS CHIBCHAS

Continuación Tabla No. 8. Comparaciones de grupos ambientales por pares

Sig. 0.049 0.002 0.106 2E-06 1E-04 5E-05 2E-05 Bosque templado F 2.388 7.882 1.866 28.52 0.346 0.012 0.163 Sig. 0.128 0.007 0.177 2E-06 0.559 0.912 0.688 Estepa F 1.061 3.448 0.872 17.36 0.346 0.176 0.038 Sig. 0.307 0.069 0.354 1E-04 0.559 0.676 0.845 Taiga F 1.81 4.991 1.476 19.27 0.012 0.176 0.062 Sig. 0.184 0.029 0.229 5E-05 0.912 0.676 0.805 Tundra F 1.473 4.882 1.181 21.55 0.163 0.038 0.062 Sig. 0.23 0.031 0.282 2E-05 0.688 0.845 0.805 4 Vegetación desértica F 0.137 0.009 2.076 1.281 4.352 4.257 3.388 Sig. 0.872 0.991 0.135 0.286 0.018 0.019 0.041 Bosque seco tropical F 0.137 0.039 5.219 4.894 13.08 11.82 11.36 Sig. 0.872 0.961 0.008 0.011 2E-05 5E-05 7E-05 Bosque húmedo tropical F 0.009 0.039 1.345 1.065 3.65 3.614 2.851 Sig. 0.991 0.961 0.269 0.352 0.032 0.033 0.066 Bosque montano F 2.076 5.219 1.345 14,9 19.27 18.32 18.96 Sig. 0.135 0.008 0.269 6E-06 4E-07 8E-07 5E-07

Bosque templado F 1.281 4.894 1.065 L14.9 4.791 3.847 3.128 Sig. 0.286 0.011 0.352 6E-06 0.012 0.027 0.052 Estepa F 4.352 13,08 3.65 19.27 4.791 0.092 0.233 Sig. 0.018 2E-05 0.032 4E-07 0.012 0.913 0.793 Taiga F 4.257 11.82 3.614 18.32 3.847 0.092 0.163 Sig. 0.019 5E-05 0.033 8E-07 0.027 0.913 0.85 Tundra F 3.388 11.36 2.851 18.96 3.128 0.233 0.163 Sig. 0.041 7E-05 0.066 5E-07 0.052 0.793 0.85 a 1. 57 grados de libertad para el paso 1. b 2. 56 grados de libertad para el paso 2. c 1. 57 grados de libertad para el paso 3. d 2. 56 grados de libertad para el paso 4.

(24-29.000 años) y los cálculos genéticos y dentales estaría cerca de los 30.000 años. 6, La segunda oleada provendría del nordeste de Asia y poblaría el noroeste (Great Northwest Coast, Na-Dene). 7. La afinidad entre las poblaciones circunárticas y árticas de Asia (Chukchi), Norteamérica (Great Northwest Coast) y Sudamérica (Tierra del Fuego, Patagonia) demostraría su origen común en los primeros, y la milenaria adap­ tación ambiental de los últimos. CRANEOMETRIA DE LA POBLACIÓN PREHISPÁNICA DE LOS A.NDES ORIENTALES DE COLOMBIA 309

8. Las poblaciones sudamericanas conforman varios enjambres definidos por su afinidad fenética, proximidad geográfica y lingüística, distinguiéndose los caribeños (antillanos, orinocos), andinos, amazónidos y patagónidos.

9. Caribeños y andinos, por un lado, y amazónidos por otro, comparten un ancestro común; mientras que los patagónidos divergen por sus características específicas en ambiente circunártico.

10. Para el caso de los Andes Orientales se puede considerar que las pobla­ ciones andinas comparten un ancestro común con las caribeñas; algunos ras­ gos característicos de estas últimas se retuvieron con mayor énfasis en los guanes de la Mesa de Los Santos. Varios grupos de cazadores recolectores de tipo paleoamericano se remontaron tanto por el norte (posiblemente por los ríos Sogamoso, Chicamocha, Suárez) como por el sur (quizás por el río Bogotá), mediante un proceso etnogenético, dando lugar a la dicotomía craneométrica noroeste (Tunja, Los Santos, Cocuy), sureste (Sogamoso, Bogotá). Mientras que los grupos masculinos de Los Santos y Herrera son de tipo andino, los femeninos son más de tipo caribeño y caucasoide, heterogeneidad que habría que estudiar más ampliamente en el marco de las relaciones sociales que se establecen mediante el intercambio de mujeres y la selección sexual.

1 1. La comparación de rasgos no métricos, considerados de alta incidencia genética, y los caracteres faciales, evidencian una continuidad fenética entre los paleoamericanos y agroalfareros de la cordillera Oriental. Los muiscas de Bogotá, Tunja, Sogamoso se aglomeran con Silos, Los Santos, conjuntamente con Tequendama y Aguazuque, y, paradójicamente con el Valle del Cauca (Fi­ gura No. 5). La muestra Herrera aunque es muy pequeña, demuestra una ma­ yor proximidad con sus vecinos andinos, más que con las caribeñas, a excepción de la comparación femenina que apunta a una similitud inexplicable con po­ blaciones norteamericanas y la venezolana de La Pica (Figuras 3, 4). Si nos apoyamos en la historia de la diversificación de la familia o estirpe lingüística Chibcha (Constela, 1995), tendríamos que concluir que la población del For­ mativo (Herrera) de los Andes Orientales se comunicaba en una lengua de esa familia, y, por consiguiente, serían chibchas como los muiscas, guanes, laches y chitareros.

12. Algunos grupos como el Valle del Cauca y Huila (San Agustín), también muy pequeños, denotan cierta influencia andina. Llama la atención la gran afinidad entre las muestras vallunas y andinas tanto en las comparaciones de variables craneométricas faciales y rasgos no métricos, sin que se tenga una explicación plausible. Entretanto, los grupos del valle del Magdalena (Agua de Dios) y Quindío de la cordillera Central se aproximan más a los caribeños. 310 LOS CHIBCHAS

13. Finalmente, desde el punto de vista metodológico se destaca el valor informativo de los rasgos craneométricos de coordinación o perfilación nasal y facial, exceptuando los radios que son poco informativos por estar significativamente correlacionados con la mayoría de rasgos lineales. Igual­ mente resalta la importancia de los análisis con escalas regionales y temporales más reducidos, pues brindan una visión más global, holística e integral de los fenómenos biológicos de las poblaciones humanas. En este aspecto el valle del Cauca se perfila como la siguiente región a analizar en virtud de la acumula­ ción de gran cantidad de material óseo humano, procedente de varias regiones y distintas épocas. Desde la perspectiva temporal se perfila muy interesante el estudio del Formativo (Herrera en los Andes, Ilama--Coronado-Cerrito en el valle del Cauca).