Richard Adams Cuentos de la colina de Watership www.lectulandia.com - Página 3 Título original: Tales from Watership Down Richard Adams, 1996 Traducción: Encarna Quijada Diseño de cubierta: Ripoll Arias www.cinedemedianoche.cl www.lectulandia.com - Página 4 A Elizabeth, con amor y gratitud www.lectulandia.com - Página 5 Agradecimientos Deseo expresar mi agradecimiento a mi secretaria, Elizabeth Aydon, que no solo mecanografió el manuscrito de este libro con eficacia y paciencia, sino que también me ayudó enormemente al mencionarme las incoherencias y ofrecerme valiosas sugerencias durante nuestras conversaciones. Nota Han sido tantas las personas que me han preguntado por la correcta pronunciación del nombre El-ahrairah que me ha parecido oportuno incluir una nota. Las primeras dos sílabas se pronuncian como el nombre inglés «Ella» (Éla). Viene a continuación la sílaba «hrair», cuya pronunciación para un español vendría a ser hrer. Y por último está la sílaba «rah». Todas las sílabas son tónicas, con la excepción de la la de Ela. Las dos erres se pronuncian ligeramente enlazadas. www.lectulandia.com - Página 6 Introducción Los relatos que forman este libro se han dividido en tres partes. Primero se incluyen cinco cuentos tradicionales que todos los conejos conocen sobre el héroe El-ahrairah (el príncipe de los mil enemigos) y algunas de sus aventuras. Dos de ellos, «El agujero en el cielo» y «El zorro en el agua», se mencionan de pasada hacia el final del capítulo 30 de La colina de Watership, y en el capítulo 47, durante su enfrentamiento con el general Vulneraria, Pelucón oye a sus espaldas cómo Diente de León les explica a las hembras el cuento de «El zorro en el agua». Otra de las historias incluidas en esta primera parte, «La historia de Verónica», se ha escogido con la intención de ilustrar el tipo de cuento simplón de los que gustan los conejos. La segunda parte consta de cuatro de las muchas historias que corren sobre las aventuras de El-ahrairah y su incondicional Rabscuttle, durante el camino de regreso después de su terrible encuentro con el Conejo Negro de Inlé. En la tercera parte se narran algunas de las aventuras que vivieron Avellano y sus conejos durante el invierno, la primavera y principios del verano que siguieron a la derrota del general Vulneraria. www.lectulandia.com - Página 7 Primera parte www.lectulandia.com - Página 8 1 El sentido del olfato … Tienen narices, pero no pueden oler. Salmos, 115 Aquel que tiene valor y se atreve es el que gana. Lema del Ejército de Salvación —¡Cuéntanos una historia, Diente de León! Corría una agradable tarde de mayo, en la primavera que sucedió a la derrota del general Vulneraria y los efrafanos en la colina de Watership. Avellano y varios de sus veteranos, aquellos que estaban con él desde que dejaran la madriguera de Sandleford, yacían tumbados plácidamente sobre la cálida hierba, con la panza llena. No muy lejos, Kehaar picoteaba incansable entre las matas de hierba, más para consumir su inagotable energía que por hambre. Los conejos habían estado conversando, rememorando algunas de las grandes aventuras del pasado año. Cómo habían dejado la madriguera de Sandleford después de que Quinto les advirtiera del desastre inminente. Cómo habían llegado a la colina de Watership y cavaron sus primeros agujeros, para descubrir que no tenían una sola hembra con ellos. Avellano recordó su poco juicio al planificar el asalto a la granja de Nuthanger, que casi le había costado la vida, lo que les llevó a su vez a recordar el viaje al gran río. Por enésima vez, Pelucón relató las experiencias vividas en Éfrafa, cuando se hizo pasar por oficial del general Vulneraria y convenció a Hyzenthlay de que formara el grupo de hembras que escaparían en medio de la tormenta. Y de nuevo intentó Zarzamora explicar el truco de la batea, que les había permitido escapar por el río, aunque tuvo tan poca fortuna como en ocasiones anteriores. Pelucón rehusó dar detalles sobre su enfrentamiento con Vulneraria, pues, según dijo, aquello prefería olvidarlo; así es que Diente de León tomó el relevo y habló sobre el perro de la granja de Nuthanger, sobre el modo en que Avellano lo había dejado suelto y él y Zarzamora hicieron que les persiguiera para llevarlo directamente a los efrafanos que había reunidos en la colina. Apenas había terminado de relatar esta aventura cuando escuchó la vieja y conocida exclamación: —¡Cuéntanos una historia, Diente de León! ¡Cuéntanos una historia! Diente de León no respondió en seguida. Parecía reflexionar. Se puso a mordisquear briznas de hierba por aquí y por allá y, tras dar unos brincos, se aposentó en un lugar algo más soleado. Al cabo replicó: —Creo que hoy os contaré una historia nueva. Una que nunca antes habéis oído. Es sobre una de las más grandes aventuras de El-ahrairah. www.lectulandia.com - Página 9 Hizo una pausa para frotarse la nariz con las patas delanteras. Nadie apremió al maestro narrador, que con aquella pausa parecía reafirmar su posición entre ellos. Una leve brisa agitó la hierba. Una alondra que había terminado su canción descendió para posarse cerca de ellos y, tras unos instantes, volvió a elevarse. Diente de León empezó. Tiempo atrás hubo una época en que los conejos no tenían olfato. Vivían como ahora, pero no tener olfato suponía un terrible lastre. Buena parte del placer de las mañanas de estío se perdía para ellos, y no podían descubrir su comida hasta que la tenían encima. Peor aún, no podían oler a sus enemigos, y por esta causa muchos morían bajo las zarpas de armiños y zorros. Pues bien, lo cierto es que El-ahrairah se dio cuenta de que, aunque sus conejos no tenían olfato, sus enemigos y las otras criaturas, incluso los pájaros, sí lo tenían, y se hizo el propósito de encontrarlo al precio que fuera. Empezó a buscar consejo por todas partes y por doquier preguntaba dónde podía encontrar aquel sentido, pero nadie supo darle una respuesta. Hasta que un día preguntó a un conejo muy viejo y sabio de su madriguera, llamado Trinitaria. —Recuerdo que, cuando era joven —le dijo Trinitaria—, dimos cobijo en nuestra madriguera a una golondrina herida, una golondrina que había viajado a lo largo y ancho del mundo. Nos compadecía por no tener olfato, y dijo que el camino que conduce a ese sentido se encuentra en una tierra de perpetua oscuridad, bajo la custodia de unas criaturas fieras y peligrosas, conocidas como ílipos, que viven en una cueva. Más no supo decirnos. El-ahrairah le dio las gracias y, tras deliberar largamente, fue a ver al príncipe Arco Iris. Expuso ante el príncipe su deseo de viajar a aquella tierra, y solicitó después su consejo. —Harías mejor en no intentarlo, El-ahrairah —le dijo el príncipe—. ¿Cómo supones que podrás encontrar el camino hacia un lugar que no conoces a través de una tierra de perpetua oscuridad? Ni siquiera yo he estado allí, y no desearía hacerlo por nada del mundo. Echarás a perder tu vida tontamente. —Es por mi gente —replicó El-ahrairah—. No puedo seguir contemplando impasible cómo los matan día tras día por culpa del olfato. ¿No tienes ningún consejo que pueda ayudarme? —Solo puedo decirte una cosa. Si encuentras a alguien en tu camino, no reveles bajo ningún concepto el motivo de tu viaje. Son extrañas las criaturas que pueblan aquel país, y si se difundiera la noticia de que no tienes olfato podría ser peligroso. Inventa algún otro propósito. Espera… te daré este collar astral para que lo lleves alrededor de tu cuello. Es un presente del Señor Frith. Tal vez te sea de ayuda. El-ahrairah dio las gracias al príncipe Arco Iris y partió al día siguiente. Y llegó por fin un día a la frontera del país de perpetua oscuridad, una frontera de luz crepuscular que iba oscureciéndose hasta que la negrura resultaba impenetrable. No www.lectulandia.com - Página 10 sabía hacia dónde tenía que ir, ni tenía manera de orientarse, por lo que hubiera podido muy bien suceder que estuviera andando en círculos. Oía a su alrededor a otras criaturas que se movían en la oscuridad y se le antojaba que sabían lo que hacían. Pero ¿serían amigas, sería prudente hablarles? Al cabo, lleno de desesperación, se sentó en la oscuridad y aguardó en silencio hasta que oyó a una criatura que andaba cerca. Entonces dijo: —Estoy perdido. ¿Puedes ayudarme? La criatura se detuvo y, tras unos momentos, le respondió en una lengua que le era extraña pero podía comprender. —¿Por qué estás perdido? ¿De dónde vienes y adónde te diriges? —Vengo de una tierra donde brilla el sol, y estoy perdido porque no puedo ver y no estoy acostumbrado a esta oscuridad. —Pero supongo que podrás oler, ¿no es cierto? El-ahrairah a punto estuvo de decir que no tenía olfato, pero recordó el consejo del príncipe Arco Iris. Así es que dijo: —Aquí los olores son diferentes. Me confunden. —Entonces, ¿no tienes idea de qué clase de criatura soy? —Ni la más remota. Pero no pareces peligroso, eso es bueno. El-ahrairah oyó que la criatura se sentaba. Y al poco dijo: —Soy un glanbrin. ¿Hay glanbrin en el lugar de donde vienes? —No. Nunca he oído hablar de los glanbrin. Yo soy un conejo. —Nunca he oído hablar de los conejos. Deja que te huela. El-ahrairah permaneció tan quieto como pudo mientras el glanbrin, que era peludo y parecía tener más o menos el mismo tamaño que él, olisqueaba su cuerpo de arriba abajo. Finalmente dijo: —Bueno, yo diría que nos parecemos bastante.
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