JBJSUOTECA DE MEXICO. El rey délos astros. La reina de las cer= vezas conocidas. Cervecería Cuauhtemoc, S. A. Monterrey, NV t. A RODOLFO GAONA, COR DI A LUIENTE. A la afición mexicana, CON ESTIMACIÓN Y RESPETO. LOS EDITORES. % — Carica ta ra de Alcalde. ¡Servidor de ustedes! ^^f. ^á¿^€i^\^ca¿cá ipci $xr¿cr s/stöbet, fifi -¿¿c-j^wé&jgttt, л/ш/*г^>^ ^^í. aféte. -V^Vf^ Í»U>H»ÍÍ* :**Wl'íl ri' FOTOGRAFIA INSTANTÁNEA Para poder hacer fotografías instantáneas del género de la presente, es necesario usar cámaras reflectoras con obturador de plano focal, provistas con lentes anastigmático» muy rápi­ dos. La cámara«Graflex>con lente Bausch & Lorab-Zeiss Teasar, forma una combinación ideal. Con ella pueden tomarse foto­ grafías de toros, de aviación, caballos saltando, pájaros al vuelo, etc. Un buen aficionado no debe dejar de poseer una de estas cámaras: las tenemos constantemente en surtido y las vendemos á «Precio de fábrica al consumido», nuestro lema sostenido. 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Después, es decir cuando el joven torero nos abandonó por cuarta vez en su viaje á España, la madre patria, cuna y asiento del toreo, nos resolvimos á emprenderlo, fuere cual fuere el resultado de la campana artística de Gaona en aque­ llas lejanas tierras, confiando—eso sí—en que lo que aquí ha­ blamos visto en los últimos meses de toros al discutido dies­ tro no podía ser otra cosa que el prólogo de muy lucidas fae­ nas en los redondeles extranjeros, muchos de ellos—Madrid, Sevilla, Valencia, San Sebastián, etc, etc.—tan severos para consagrar á un coloso como que á ello los autoriza el recuerdo de los «Lagartijo,* «Frascuelo,* «Guerrita» y Fuentes, para no hablar más que de los modernos, que lo fueron por obra y gracia de sus méritos indiscutibles y de la inteligencia de aquellos públicos que acabaron por elevarles un trono. Y así fué como, aún sin resolver del todo el problema eco­ nómico (que el público sancionará con la acogida que dé á este _ 8 — modesto trabajo), dimos forma á la idea, que, ojalá, como de nosotros, de toda la afición merezca ser aprobada y bien reci­ bida. Nuestra única preocupación ha sido la de ofrecer á todos, reunida en uu mismo volumen, la historia de la primera cam pana gloriosa del torero Ídolo de todos los públicos, igual el de Madrid que el de México, dentro del- procedimiento más imparcial, no escogiendo DETERMINADAS crónicas, sino re­ produciendo TODAS AQUELLAS QUE A NUESTRAS MANOS LLE­ GARON, procurando eludir los comentarios de propia cosecha, no siendo en casos muy particulares y quo por sí solos deja­ rán explicado el por qué de la infracción que haremos de esta regla. Líos juicios críticos que en seguida se verán, diñeren en­ tre sí muchas veces en la forma—que al fin y al cabo fueron escritos por hombres falibles y no por dioses—pero concor­ dando en el fondo de verdad, en el reconocimiento más ó me­ nos espontáneo de los muchos méritos del torero de León de los Aldamas, (Guanajuato) y conviniendo en el puesto princi­ pal por él logrado á fuerza de saber, de valor y de un arte SUYO PROPIO PORQUE CON EL NACIÓ, ni igualado ni menos su­ perado por NINGUNO de los que peinan coleta y ejercen la pro­ fesión de torero en la actualidad. No será, por lo demás, nuestro elogio el que necesite Gao na para probar su suficiencia: que allí están los pareceres de muchos, que mucho más que nosotros suponen en el concier­ to de la crítica taurina, y allí también, para los que aún du­ daran ó no se tomen la molestia de comprar este libro y de leer sus numerosas reseñas, estará la plaza dé México, como el crisol en que habrán de aquilatarse méritos, y comprobar­ se buenos ó malos éxitos en el curso de la campana del leo­ nés, que será cuestión de muy poce ver emprendida, en la actual temporada de 1911-12, si Diosle concede la misma suerte que hasta hoy ha tenido con los toros. Del público dependerá el que continuemos en la obra de dar cuenta anual con el resul ado que tengan las campanas del gran torero en otras tierras, y por esta vez, cual cumple el gra'o deber de quien todo lo espera de la afición mexicana, dale muy rendidas gracias por su benevolencia y buena in­ tención, su atento servidor, SOLFA. No soy, afortunadamente, de los que se impresionan con facilidad por un éxito, ni por la primera exhibición me agrada juzgar á un artista, sea cual fuere el arte á que pertenezca. Y si esta es mi manera de ser en general, particularizo hasta la exageración cuando se trata de la tauromaquia, donde tan fácil es conseguir una tarde excelente, y donde no es menos sencillo tener relativa desgracia. Dicho esto, á nadie extrañaría que yo fuese acaso el úni­ co que discrepase de la opinión general cuando Rodolfo Gao- na hizo su aparición en la plaza madrileña. Todos, unos más otros menos, vinieron á decir que el diestro leonés era un fe­ nómeno, un asombro, algo nunca visto, y que ya podían pen­ sar en dedicarse á otra cosa «Bombita,* «Machaquito» y todos, en fin, los que peinaban coleta. Yo me abstuve de dar muestras de tal ligereza, y, por el contrario, traté de poner las cosas en su lugar en un trabajo titulado: «iGaonicemos, alma, gaonice- mos>, trabajo que me consta levantó polvareda, y que me va­ lió el título de «antigaonista.* Y bien sabe Dios que nada más injusto, ya que pasado el tiempo, cuando ya no había temores de cometer ligerezas, cuando no se. podía achacar á la casua­ lidad el éxito más ó menos repetido, reconocí definitivamente lo que en principio quedó reconocido en mi trabajo de refe­ rencia: que Gaona no era un fenómeno, ni un asombro, ni una cosa rara dentro de la tauromaquia; pero que en él había co­ sas de torero, manifestaciones de gran artista, y que con el tiempo llegaría á serlo por completo, sin necesidad de sacar las cosas de quicio. Y véase como (modestia aparte) tuve aciertos grandísi­ mos en las predicciones del trabajo ya mencionado. Ni Gao­ na se comió á nadie, por entonces, y Gaona ha llegado á ser en la actualidad el artista adueOado del arte, sin las nebulo­ sidades de los comienzos: pero con las seguridades del que no necesita fiar nada á la casualidad. Entonces, muchos, co­ mo yo, discutieron la repentina nombradla y el exagerado concepto. Hoy, salvo los que á los arrestos del torero mez­ clan indebidamente las particularidades y simpatías del hom­ bre, hoy, repito, pocos serán los que nieguen lo que dejo di­ cho respecto á que Gaona ya es «gente» (que decimos por acá), y ocupa un lugar distinguidísimo en la tauromaquia mo­ derna. Examinado como torero, pocas tachas podrán ponérsele, acaso ninguna, como no sea el deleitarse demasiado en ocasio nes, dando, largueza á lo que r. quiere brevedad, por el solo- prurito de exhibir en abundancia la variedad artística. Tal falta,' si falta es realmente, disculpa grande tiene, ya que en ella no entran las ignorancias; sino la prodigalidad del saber. No tengo por qué mirar atrás recordando éxitos pasados que obtuvieron la debida sanción. Básteme atenerme á lo re­ ciente, á lo de este ano, para proclamar á Rodolfo Gaona ca­ peador perfecto y á ratos inimitable, muleteador seguro, vis­ toso, adornado, fácil, más aún, 'facilísimo*, y banderillero fi­ no, verdaderamente dominador del segundo tercio de la lidia, Y cuenta que no há sido el ano presente el que más éxi­ tos trajo para el torero de León de los Aldamas, pues más ve­ ces le entristeció la desgracia que le alegró la fortuna; pero aún teniendo en cuenta ese detalle en el que entran muchos factores (clase de ganado, actitud del público, com paneros de faena, disposición del ánimo, etc ), afirmado queda, y bueno es repetirlo, que Gaona como torero no ha descendido ni una línea en el concepto de bueno, pues quizá haya ganada algu­ nos tantos en la artística partida. Al hablar del matador ya no puede ser tan rotunda U afirmación, ya hiyqne dejar asomarlos «peros* reparones, ya no se puede ocultar la palabra «deficiencia*.
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