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VOL. VII Io DE JULIO DE 1982 NUM. 28 BOLETÍN DE LA ACADEMIA PUERTORRIQUEÑA DE LA HISTORIA EL PREDOMINIO DEL CACIQUE GUAYBANA EN LAS ANTILLAS UNA TEORIA SOBRE EL GEMI SAN JUAN DE PUERTO RICO 1982 BOLETIN DE LA ACADEMIA PUERTORRIQUEÑA DE LA HISTORIA VOL. VII________ 1° DE JULIO DE 1982________ NUM. 28 BOLETIN DE LA ACADEMIA PUERTORRIQUEÑA DE LA HISTORIA EL PREDOMINIO DEL CACIQUE GUAYBANA EN LAS ANTILLAS UNA TEORIA SOBRE EL CEMI SAN JUAN DE PUERTO RICO 1982 DERECHOS RESER VADOS CONFORME A LA LEY Composición y diagramación: NOVOGRAPH Impresión y encuadernación: Editora Corripio Impreso en República Dominicana Printed in Dominican Republic Notas Editoriales........................................................ 9 El predominio del cacigazgo de Guaybana............. 11 Una teoría sobre el Cerní — Gabriel Vicente Maura 287 DIGNATARIOS DE LA ACADEMIA Ing. AURELIO TIO Y NAZARIO DE FIGUEROA Director Dr. SALVADOR ARANA SOTO Subdirector Sr. PEDRO E. PUIG BRULL Secretario Sr. ARTURO RAMOS LLOMPART Tesorero y Subsecretario Vocales Dr. RICARDO ALEGRIA Ledo. ROBERTO BEASCOECHEA LOTA Dr. LUIS TORRES OLIVER Dr. OSIRIS DELGADO NOTAS EDITORIALES En atención al interés mostrado por los lectores de este Boletín en el ensayo publicado en el Tomo VI - Número 24 relacionado con el hallazgo arqueológico efectuado en Guayanilla el año 1880 por el Padre Nazario, hemos incluido en este número una ampliación de algunos de los concep­ tos allí vertidos que han sido objeto de mayores comentarios. Se abunda en la procedencia de los indios siguayos que ofrecieron la primera resistencia a los descubridores en La Española en el primer viaje y su aparente relación con el cacicazgo de Guaybana de Guayanilla, cuyo predominio sobre Puerto Rico se extendió a La Española y a gran parte de las Antillas Menores. También se analiza la posibilidad de haber­ se constituido en Puerto Rico la poderosa dinastía de Guaybana, con caciques subalternos que regían en La Española y las Antillas Menores. La extraordinaria fortaleza física de dichos caciques sólo podría expli­ carse como el producto de los cruces de sangres entre castas seleccionadas para obtener el mejoramiento de las estirpes. Se explora la posibilidad de que ese predominio de los pobladores Araguacos de Puerto Rico, los que tenían un origen racial y un “hábitat ” común en las Antillas, se debiera a la influencia de migrantes proceden­ tes del altiplano andino y de Mesoamérica. De los primeros, existe la evidencia de los petroglifos hallados en Guayanilla en 1880 con signos inscritos de la lengua prequechua con caracteres Hitita-Minoanos, así como la de los amuletos excavados en Vieques casi un siglo después, con la figura del cóndor andino llevando en sus garras una cabeza humana, lo que es un tema legendario andino. A instancias de varios lectores, se incluye un articulo por nuestro Director sobre la posible ruta que siguió Juan González Ponce de León desde Guayanilla hasta una hacienda del rio Toa, luego del ataque indíge­ na que culminó con la muerte de Don Cristóbal de Sotomayory su escolta de cinco militares. Hemos incluido una colaboración del Sr. Vicente Maura relacionada con una hipótesis sobre ese símbolo tan venerado por los indígenas de Puerto Rico como es el semí. El Sr. Maura considera que fue utilizado 9 NOTAS EDITORIALES como un arma agresiva en las guasábaras, aunque se opina que era más un símbolo religioso al que se le suplicaban favores y que servía también como oráculo de los bojiques y los caciques. Se sabe de algunos caciques que llevaban su sem í sobre la cabeza en las guasábaras, pero como símbo­ lo protector de su persona y de sus guerreros, pero no en forma de arma Consideramos que deben considerarse con cautela las analogías explí­ citas al opinar sobre el posible uso de las piezas indígenas, como es él semí. A veces se considera que un artefacto indígena que semeja a otro de uso actual, fue utilizado en la misma forma, sin tomar en cuenta las huellas de su uso y otros rasgos. Un filo de hacha de piedra embotado a golpes no pudo ser utilizado más como tal, sino como un instrumento de tra­ bajo para cortar árboles Los Araguacos tenían tales fundamentos comunes como los areítos para transmitir conocimientos, la tierra como heredad comunal y el desa­ tollo de la agricultura de acumulación, el castigo del robo, la mentira, el incesto y la homosexualidad y la guerra ceremonial Es aparente que el sistema cacical se basaba en la cohesión tribal entre si, no obstante las constantes guasábaras. Estas proporcionaban el intercambio y mejora­ miento de sus armas y técnicas, los esclavos y la exogamia practicada mediante' el rapto de mujeres. No eran guerras de exterminio, sino de carácter transitorio, con su ritual de areítos y pintarrájeos para atemori­ zar al enemigo. Se puede inferir que el sistema cacical se fortaleció median­ te cruces intertribales con carácter dinástico, impidiendo el deterioro racial con uniones repetidas con parientes cercanos. A l principio, los indígenas no consideraron a los españoles como sus enemigos, sino como visitantes importantes que representaban a un dis­ tante cacique. El ataque al territorio común que pronto materializó, los unió contra el invasor, contra un ejército bien organizado con armas muy superiores, para ellos sobrenaturales. Carecían de un ejército permanen­ te y sus guerreros sufrían de una gran inferioridad técnica Intentaron organizarse al estilo del invasor, pero sólo lograron reunir muchedumbres desorganizadas por falta de experiencia en esas lides. Sus campeones fueron sus caciques de gran fortaleza física y enorme valor personal, por lo que al caer en la lucha, expuestos a la vigilancia aguda de los españoles, sus subalternos se desmoralizaban, pues los habían considerado inven­ cibles. Sólo les restaba apelar a lo sobrenatural, sus semíes, pero ya la suerte estaba echada, sucumbiendo el más débil, pero no antes de haber lucha­ do con heroísmo estoico hasta el final. 10 -E L PREDOMINIO DEL CACICAZGO DE GUAYBANA- —INTRODUCCION— El ensayo a continuación es una interpretación novedosa de un aspec­ to de la prehistoria de Puerto Rico y de La Española, inducida en parte por uno de los hallazgos arqueológicos efectuados en América con mayo­ res implicaciones potenciales. Se trata de los más de 800 petroglifos excavados en Guayanilla sobre una ribera del río Yauco por el Padre José María Nazario y Cancel alre­ dedor del afio 1880, por indicaciones de una viejecita de ascendencia indígena quien al solicitar sus auxilios espirituales, le transmitió el secre­ to del lugar en donde se hallaba sepultada “la biblioteca del último caci­ que de Guayanilla, Guaybana”. Dichos petroglifos tenían una tosca figura humanoide y estaban ins­ critos con extraños signos que semejaban a los de alfabetos antiguos, por lo que el Padre Nazario los bautizó con el nombre de antropoglífitas. El Padre Nazario, luego de haber determinado que los signos inscritos no eran indo-antillanos, mediante sus conocimientos de las lenguas bíbli­ cas y luego de un estudio comparativo, opinó que pertenecían a la escri­ tura caldáica-hebrea y que algunos de los signos insinuaban una analogía con la escritura cuneiforme. Tal circunstancia sugiere la posibilidad de que el predominio del cacicazgo dinástico de Guaybana pudo deberse a conocimientos conteni­ dos en dichos signos inscritos por los migrantes, o a los conocimientos adquiridos de ellos directamente de una cultura mas desarrollada y preser­ vados para memoria en sus áreítos. Estudios recientes efectuados en la Sociedad Epigráfica Americana han demostrado que se trata del idioma pre-quechua inscrito con signos del idioma Hitita-Minoano pre-helénico desarrollado en la isla de Chipre. La analogía de dichos signos con los signos grabados en planchas de oro y cobre y en la túnica del Octavo Inca, Viracocha, bajo la custodia del Tesoro Nacional de Ecuador, demuestra la procedencia de los migrantes del altiplano andino. 11 BOLETIN DE LA ACADEMIA PUERTORRIQUEÑA DE LA HISTORIA Para poder haber llegado a Puerto Rico, debieron haber atravesado el territorio de los indios “jíbaros” entre la provincia Oriente de Ecuador y Colombia hasta su costa Norte, desde la cual pudieron cruzar en canoas o balsas de isla en isla, hasta Guayanilla. El arqueólogo francés Alphonse L. Pinart encontró a fines del siglo XIX signos parecidos en la isla de Aruba y en la provincia Chiriquí entre Panamá y Costa Rica, lo que sugiere que la ola migratoria se bifurcó en Colombia. (Boletín de la Academia Puerto­ rriqueña de la Historia — Tomo VI — Número 24). INFLUENCIA ANDINA Tal migración se ha puesto en duda, pero las excavaciones efectuadas en el barrio La Hueca en el Sudoeste de la isla de Vieques por el Centro de Investigaciones Arqueológicas del Recinto de Río Piedras de la Univer­ sidad de Puerto Rico (1973-1980), bajo la dirección del arqueólogo Luis A. Chanlatte Blaik, la corrobora, si bien de manera circunstancial. En dicho yacimiento se han excavado pequeñas figuras talladas con gran arte en cuarzo, en madera fosilizada, en nácar y en piedras semipre- ciosos, estas de procedencia evidentemente sudamericana, las que nunca antes habían sido halladas en excavaciones en Puerto Rico. Varias de esas pequeñas figuras representan a una gran ave que es evidentemente un cóndor, con una cabeza humana a manera de trofeo entre sus garras, lo que confirma su procedencia del habitat del cóndor en los Andes, por ser la única gran ave capaz de tal proeza. La figura de esa gran ave de rapiña demuestra una cabeza chata coronada por una cresta carnosa y un afilado pico curvo para despedazar la carroña entre sus garras, característica del cóndor andino. La investigación efectuada sugiere que hubo dos migraciones cuyos componentes han sido clasificados como agroalfareros: la Iñeri o saladoi- de y la recién descubierta en La Hueca en Vieques. La migración Iñeri procedía de las riberas del río Orinoco en Saladero y Ronquín en el inte­ rior de Venezuela, la que se bifurcó, una hacia el archipiélago de las Anti­ llas Menores y otra hacia Mesoamérica hasta Costa Rica.

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